sábado, 20 de marzo de 2010

Me gusta el fútbol...




Me gusta el fútbol y qué…aunque parezca mentira pero sí, me gusta y pocas cosas cambiaría por ver un partido de mi equipo un sábado o un domingo por la tarde en un bar o en mi casa. Los fines de semana no son completos sin un partido de fútbol, sea éste bueno o malo. La afición que siento por mi equipo es difícil de comparar con mis otros gustos, por ejemplo la lectura, en realidad, es diferente. Me sorprende comprobar la pasión que puede despertar en mí once tíos contra otros once, dando patadas a un balón y en pantalón corto… bueno sí, eso lo puedo entender…

Pero cómo surgió esta pasión, es decir, ¿un aficionado nace o se hace?, creo que en mi caso me hice porque no soy del Atlético de Madrid, y de ellos se dice que nacen (y con el paso del tiempo aprenden a sufrir). Quizá la explicación sea la de dar salida a emociones encerradas a través de gritos, insultos o alabanzas a esos once que corren en un campo tras una pelota. Es algo irracional, algo que carece de lógica, pero que está ahí dentro de mí.

Cuesta a veces creer la pasión que, en general, levanta en la gente este deporte o mejor dicho este espectáculo, porque en eso es en lo que se ha convertido el fútbol últimamente, aunque ésta es otra polémica en la que no voy a entrar hoy (que si no se me agotan los temas para este blog) y que dejaré para otro día.

La cantidad de tiempo que se dedica a hablar y a escribir sobre el fútbol y todo lo que le rodea, jugadores, equipos, fichajes, árbitros, etc. Además es un tema del que, a menos que seas del planeta Marte, todo el mundo tiene una opinión, ya sea de su equipo o del fútbol en general. No hay más que ir un lunes por la mañana a un bar y escuchar al noventa por ciento de los clientes hablando de lo que hizo ayer su equipo o el rival de éste. Cómo solucionarían ellos los problemas de juego, a quién dejarían en el banquillo, vamos cómo se ponen en la piel de entrenadores o jugadores…

Yo, por mi parte, ya estoy sintiendo ese cosquilleo por mi estómago y esperando con ilusión que den las 8 de la tarde para ver a mi equipo jugar el partido de esta semana, la excusa perfecta para compartir un buen rato con amigos, alegrarme o enfadarme por el juego de mi equipo, pero en definitiva olvidar durante noventa minutos de todas mis preocupaciones y soñar…

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