sábado, 20 de marzo de 2010

Día del Padre


Ayer fue el día del padre, pero realmente ¿es éste un día festivo o un invento de El Corte Inglés? Se trata de la festividad de San José pero indiscriminadamente se eligió este día como excusa para vender colonias, corbatas, ah, y en los colegios para que los niños dediquen una semana a realizar un trabajo manual y regalárselo a su padres, (en mis tiempos el regalo estrella era un cenicero de arcilla con la forma de tu mano, supongo que ahora, tal y como está el panorama y esta guerra contra los malos humos, esto no sería políticamente correcto).

No obstante, ¿debemos dedicar un día en especial para decir a nuestros padres que les queremos?, sinceramente creo que no, yo por mi parte, creo que aunque no le diga a mi padre que le quiero todos los días mis actos me delatan. Existen sentimientos que se expresan mejor con una mirada cómplice, una sonrisa y, a veces, un silencio encierra mucho más significado que miles de palabras dichas sin pensar y vacías de contenido…

Durante más de 30 años he visto a mi padre hacer todos los sacrificios que humanamente alguien puede realizar para sacar a una familia adelante, dándome a mi y a mis hermanos todo lo que estaba en sus manos, porque ha sido con sus manos como ha podido proporcionarnos todo lo que estaba a su alcance para vivir una buena vida y sobre todo inculcarnos unos valores a través de los cuales intentamos guiar los pasos de nuestra propia vida. Esfuerzo, voluntarismo, sacrificio, cuántas veces he oído decir a mi padre que aquí nadie te regala nada, que él no tenía contactos, amigos, ayudas para podernos colocarnos en puestos importantes, sino que teníamos que ser nosotros quienes nos lo ganásemos a pulso. Y aunque suene a tópico, cuántas veces he escuchado a mi padre decir que quería darnos todo lo que él no tuvo.

Hoy, un día después del Día del Padre o de la fiesta de San José, dedico este rincón de mis pensamientos a mi padre y a todos los padres que nos han dado la vida y la suya propia para que hoy estemos aquí y, mejor o peor nos hayan enseñado a ganárnosla. A todos aquellos que, aunque sin utilizar el sonido de las palabras nos dicen a diario que nos quieren, que nos admiran, que se sienten orgullosos de habernos visto crecer, de que seamos sus hijos. Yo, por mi parte, aprovecho también mi rincón para expresar mi profunda admiración por mi padre, mi orgullo por él y por todo lo que ha hecho por mí y los míos.

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