lunes, 10 de septiembre de 2012

Austera o roñosa




Austeridad, qué bonita palabra y qué de moda está. Ser austero en lo público y en lo privado. Que si hemos sido unos derrochadores, que si hemos malgastado los fondos públicos y nos hemos endeudado de más, que si hemos vivido por encima de nuestras posibilidades... Vaya, pues yo no quiero que nos sigan llamando manirrotos ni que nos metan a todos en el mismo saco. He tenido presente la austeridad desde el minuto uno de mi vida, y si no austera, sí enemiga del derroche, de los excesos y de las grandes estravagancias...Siempre he cerrado el grifo cuando me lavo los dientes, y no porque haga mucho caso a las campañas institucionales, sino porque no me gusta malgastar un bien común agotable. Tampoco me ha gustado tirar nada que fuera aprovechable, sobre todo alimentos, soy muy de congelar las sobras. También voy al supermercado y busco las ofertas, comparo precios y compro marcas blancas en productos que me dan el mismo servicio. Esto, en épocas de apogeo económico ha sido la causa de que, en ocasiones, me tildasen de "tacaña" o de "roñosa" (más bien "roña"). Sin embargo, ahora cuando la crisis hace mella en todos y lo que se impone es el ahorro y la ausencia de derroche, me alegra saber que he acertado en mi manera de proceder. Por ello, la lección que debemos sacar de estos tiempos de vacas flacas es que cuando éstas engorden no deberíamos confundir la austeridad con la tacañería.

No hay comentarios:

Publicar un comentario