De nuevo domingo, otro fin de semana ha pasado y parece que hace un instante era sábado por la mañana, el día perfecto para hacer pereza en la cama, levantarse sin prisas. El sol entra por la ventana y me está invitando a salir a desayunar a la terraza y saborear el café que hoy sabe distinto. Paso las hojas de un libro y me distraen las de los árboles que caen al suelo. Me dejo mecer por la brisa mientras disfruto del paisaje otoñal que acompaña mis horas de descanso. Qué más puedo pedir...quizá que ese momento se haga eterno y que no llegue el fatídico día, víspera de lo indeseado: que sea otra vez domingo.
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