jueves, 6 de octubre de 2011
Esfuerzo y resultado
Cuando estaba en el colegio oí decir muchas veces a mis profesores que ellos calificaban el esfuerzo y no el resultado, y yo les creí, por eso yo solía dejarme los codos frente a los libros y casi siempre me funcionó. Desde entonces fui una fiel seguidora de esta filosofía, sin embargo, cuando llegó la hora de poner los pies en el mundo real, caí en la cuenta de que todo ese voluntarismo jamás era valorado en su justa medida, ya que lo único que importaba eran los resultados. Únicamente tenía validez el beneficio reportado y nunca el empeño que ponía en conseguirlo. Siempre había muy poco margen para demostrar mis aptitudes y actitudes en el desempeño de las tareas asignadas y, ante el mínimo error, me encontraba descalificada de la competición. Supongo que la razón será que vivimos en un mundo con una competitividad voraz en el que cada día te la juegas, sin posibilidad de equivocarte, porque en ese caso debes tener muy claro dónde está la puerta. Por eso, ya hace tiempo que dejé atrás aquello que aprendí en su día sobre el esfuerzo y el resultado y ahora tengo muy claro que lo importante no es acreditar lo que te has esforzado en conseguir tus objetivos sino simplemente cuáles han sido éstos y cuánto tiempo te llevó lograrlos.
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