miércoles, 12 de octubre de 2011
Insatisfechos
Desear lo que no se tiene es algo connatural al hombre. Siempre ansiamos lo que por justicia creemos merecernos y no está a nuestro alcance. Desde las cosas más triviales como tener el pelo rizado, si por el contrario lo tenemos liso o ser más alto, si somos bajitos, a aspectos más transcentales de nuestra vida como estar casado si eres soltero o tener hermanos si no los tienes. El caso es no estar nunca satisfecho con lo que se tiene, siempre se desea lo del otro cuando ese otro desea lo que tú tienes. Cuando el objeto de la insatisfacción es algo banal siempre se puede remediar, es decir, siempre podemos rizarnos el pelo si lo tenemos lacio o ponernos tacones para parecer más altos, sin embargo, en ocasiones nos topamos con realidades insatisfechas mucho más difíciles de paliar por mucho que nos empeñemos. Para algunos estas insatisfacciones suponen un pesado lastre con el que cargar y normalmente lleva consigo un sentimiento de frustración. Supongo que la manera de hacer frente a nuestras carencias es convirtiéndolas en nuestras aliadas, riéndonos de ellas, quitándoles todo el hierro para impedir así que nos amarguen la existencia y no nos dejen disfrutar de todo lo que sí tenemos.
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