domingo, 23 de octubre de 2011

Tomadura de pelo

Me molesta que me tomen el pelo, y no es que sea una de esas personas tan susceptible que no aguante la más inofensiva de las bromas, sé encajarlas y sé reirme como la que más, pero lo que no tolero es que me las den con queso, como vulgarmente se dice, es decir, que se rían de mi, me tomen por idiota o se crean que no me he dado cuenta de que me la han querido jugar. No creo tampoco que sea rencorosa pero me cuesta olvidar los actos hechos con mala intención, no me gustan las dobleces ni tampoco las malas artes. No soporto la mezquindaz que algunos sacan a paseo de vez en cuando, justo cuando estoy con la guardia bajada, para que no tenga tiempo de reaccionar. Me parece hasta rastrero aprovechar el momento en que mis defensas están relajadas para que me asesten el palo, sin saber si quiera por donde ha venido. Y lo que más me duele es que estas situaciones hacen que me vuelva desconfiada y recelosa y me lleven a creer que el acto más inocente lo considere una tomadura de pelo.

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