martes, 14 de diciembre de 2010

Paseando con cuidado


Me gusta pasear, me gusta pasear por Madrid, me gusta pasear por las calles de Madrid, además suelo aprovechar esos paseos para pensar en mis cosas (no olvidemos que soy mujer y que puedo hacer dos cosas a la vez). Mientras camino planifico, medito, imagino, escucho música, en definitiva que  voy distraida y absorta en mi misma, sin ser muy consciente de lo que ocurre a mi alrededor, consigo abstraerme de todo lo que no sean mis propios pensamientos. Pero debido a este ensimismamiento mío no me fijo mucho en lo que piso, a pesar de tener los pies en el suelo, y ahí viene el problema: cuando menos  lo espero noto que mi suela se desliza sospechosamente y cuando quiero darme cuenta veo mi zapato embadurnado de una sustancia marrón, verde, gris, ocre..., o lo que es lo mismo de excremento de perro. Dios, ¡qué asco! Entonces es cuando se disparan las alarmas, se me hincha la vena del cuello y empiezo a despotricar acerca de lo cochinos que pueden ser los dueños de esos animales. Y no será porque el ayuntamiento no se ocupe de colocar unas papeleras específicas para los residuos caninos, los hay a patadas, así como las consiguientes bolsas para recogerlos, pero ni por esas...De este modo los viandantes nos vemos obligados a sortear las cacas de perros como si estuviéramos caminando por un campo de minas antipersona porque los dueños de estas mascotas no se molestan en recogerlas de la acera. Supongo que existirá alguna normativa que multe este comportamiento incívico, aunque a la vista está de que no parece tener efecto disuasorio alguno. Así que ahí va mi sugerencia: en este clima de prohibiciones y vigilancia que envuelve últimamente a nuestros gobernantes, que se inventen una brigada que persiga a las personas que sacan a sus perros para que hagan "sus cosas" y no tengan la decencia de recogerlas, al estilo de los controladores que con cara de perro se dedican a vigilar las zonas de estacionamiento regulado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario