domingo, 12 de diciembre de 2010

Los Reyes no son los padres

Cuando hay algo que no me gusta hacer, en lugar de postponerlo, suelo hacerlo cuanto antes, como el que se traga un jarabe, sin respirar, es tiempo que me ahorro en sufrimientos. Esto me ocurre con algunas cosas que se repiten año tras año, por ejemplo comprar juguetes a los sobrinos. Algo tan lleno de "ilusión" para el que los recibe se convierte en una tortura china para el que le toca elegirlos. Lo de la carta a los Reyes Magos, a mi no me funciona porque en el reparto previo que hacen los padres a los familiares para la compra de los regalos a sus hijos a mi siempre me toca el juguete estrella de la Navidad o lo que es lo mismo, ese que es imposible encontrar en ninguna tienda de toda la ciudad. Así que no me queda otra que vagar por los pasillos de los centros comerciales intentando ponerme en el lugar de un niño/a de 4 a 8 años, algo harto difícil dado que los de ahora son muy diferentes a cuando yo tenía esa edad (y también la oferta juguetera). Por lo tanto, como digo, me dedico a buscar y rebuscar algo que pudiera sorprenderles, cuando la sorpresa me la llevo yo el día de Reyes o, en su caso, el de Papá Noel y al niño le hace más ilusión abrir el regalo (el papel y la forma de éste) que el contenido. La razón: los niños tienen de todo, ya que los padres se encargan de que no les falte de nada, así que cuando llega el día en cuestión me siento frustrada ante la desgana con la que reciben los presentes traídos por sus Majestades de Oriente, bien porque ya lo tienen, o bien porque no es lo que estaban esperando. Y ahí es cuando una se rinde ante la evidencia de que los Reyes no son lo padres sino unos tíos ilusos que se han devanado los sesos para encontrar el regalo perfecto a unos niños que se divierten con las cajas de los juguetes  mientras sus padres suspiran por lo que habrían dado ellos porque en su día se los hubiesen traído a ellos.

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