"Los años no son por sí mismos felices ni funestos, afortunados ni lúgubres; son como nosotros hacemos que sean." Cúanta razón hay en esta frase que acabo de leer en un periódico y qué oportuna citarla en un día como hoy, cuando está a punto de finalizar el año. Porque si algo he aprendido últimamente es a afrontar las situaciones tal y como van surgiendo, sin negar las dificultades que las acompañan, pero sobre todo a mirarlas desde una perspectiva mucho más abierta y optimista. Por eso ahora cuando apenas faltan unas horas para acabarlo sólo deseo que con el año nuevo se renueven mis fuerzas y mi coraje para hacerle frente.
viernes, 31 de diciembre de 2010
lunes, 27 de diciembre de 2010
Mensajes moderados
Últimamente he observado que con motivo de las fechas en las que estamos los medios de comunicación insisten en que no nos pasemos en las comidas que acompañan a la Navidad. Moderación parece ser la palabra clave: comer y beber moderadamente. Este es el mensaje que cada día se lanza en los distintos informativos y programas de televisión, todo ello acompañado con la consiguiente recomendación de compensar los excesos gastronómicos con ejercicio físico (media hora diaria). Pero, ¿de dónde viene este obsesivo interés porque nos mantengamos en forma evitando las dulces tentaciones navideñas? ¿Acaso no se dan cuenta de lo dañino y perjudicial que pueden ser esos mensajes en aquellas personas ya de por sí preocupadas por su aspecto físico? ¿No se han parado a pensar en la "delgada línea" que separa la idea de salud y la obsesión por el culto al cuerpo? Aún así siguen empeñados en identificar la delgadez con el éxito de las personas: alguien que se cuida es alguien que triunfa en todo lo que se proponga. Mientras que sigamos "engordando" esta espiral de ideas relacionadas con la imagen corporal por encima de todo lo demás continuaremos dando argumentos "de peso" a aquellas personas que viven por y para la báscula. viernes, 24 de diciembre de 2010
Navidades del recuerdo
Dicen que las navidades son para los niños que las llenan de ilusión y de inocencia, porque cuando te haces mayor pierdes la frescura inocente y todo es desilusión. Pero este año me he propuesto sacar del viejo cajón los recuerdos navideños de mi infancia y evocarlos cada vez que oiga decir a alguien que odia estas fiestas, que no las soporta. He decidido recuperar los momentos felices que pasé ayudando a mi padre a poner el belén, a adornar los árboles con luces de colores o a esperar impaciente la mañana en que unos reyes de Oriente me trajeran regalos. Pero sobre todo, quiero que esos recuerdos aunque ya lejanos, vuelvan a mi memoria cada vez que lleguen estas fechas para no perder la inocencia, para no perder la ilusión...
domingo, 19 de diciembre de 2010
Nasciturus
Sorprendida, anonadada, atónita, estufecta, extrañada, impresionada, maravillada..., así es como me siento ante el anuncio de la buena nueva. Y después de unos minutos para digerirla viene la alegría, la ilusión, el entusiasmo, la esperanza, el nerviosismo, el jolgorio, la fiesta, la celebración, las risas...
Este va por ti, Nasciturus.
Este va por ti, Nasciturus.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Lágrimas en silencio
Me gusta llorar a escondidas. Siempre me ha dado vergüenza hacerlo en público. Cuando era pequeña mi lugar de lloros era bajo mi cama. Allí metida en la oscuridad, dejaba caer las lágrimas por mis mejillas cuando me sentía la persona más infeliz de la tierra o cuando el mundo estaba contra mí. Y así me quedaba con el sabor salado de las lágrimas que brotaban como una cascada hasta que se me pasaba, salía de mi escondite e iba directamente al baño para lavarme la cara y que los demás no lo notaran. Ahora no tengo un lugar concreto para ello, a veces es bajo la ducha para que las gotas de agua se mezclen con las de mis ojos, otras en la cama con la cabeza bajo la colcha. Pero hace poco alguien me dijo que llorar a solas no vale la pena, que no cunde igual que cuando lo haces frente a alguien, porque no hallas el consuelo buscado en el llanto, así que me he propuesto que en mi próxima sesión lacrimógena habrá testigos para que, al menos, me preste un pañuelo y me seque el escozor que dejan en mi piel las lágrimas en silencio.
martes, 14 de diciembre de 2010
Paseando con cuidado
Me gusta pasear, me gusta pasear por Madrid, me gusta pasear por las calles de Madrid, además suelo aprovechar esos paseos para pensar en mis cosas (no olvidemos que soy mujer y que puedo hacer dos cosas a la vez). Mientras camino planifico, medito, imagino, escucho música, en definitiva que voy distraida y absorta en mi misma, sin ser muy consciente de lo que ocurre a mi alrededor, consigo abstraerme de todo lo que no sean mis propios pensamientos. Pero debido a este ensimismamiento mío no me fijo mucho en lo que piso, a pesar de tener los pies en el suelo, y ahí viene el problema: cuando menos lo espero noto que mi suela se desliza sospechosamente y cuando quiero darme cuenta veo mi zapato embadurnado de una sustancia marrón, verde, gris, ocre..., o lo que es lo mismo de excremento de perro. Dios, ¡qué asco! Entonces es cuando se disparan las alarmas, se me hincha la vena del cuello y empiezo a despotricar acerca de lo cochinos que pueden ser los dueños de esos animales. Y no será porque el ayuntamiento no se ocupe de colocar unas papeleras específicas para los residuos caninos, los hay a patadas, así como las consiguientes bolsas para recogerlos, pero ni por esas...De este modo los viandantes nos vemos obligados a sortear las cacas de perros como si estuviéramos caminando por un campo de minas antipersona porque los dueños de estas mascotas no se molestan en recogerlas de la acera. Supongo que existirá alguna normativa que multe este comportamiento incívico, aunque a la vista está de que no parece tener efecto disuasorio alguno. Así que ahí va mi sugerencia: en este clima de prohibiciones y vigilancia que envuelve últimamente a nuestros gobernantes, que se inventen una brigada que persiga a las personas que sacan a sus perros para que hagan "sus cosas" y no tengan la decencia de recogerlas, al estilo de los controladores que con cara de perro se dedican a vigilar las zonas de estacionamiento regulado.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Un domingo en el Prado
Nada mejor que un domingo de diciembre para pasear por las salas del Museo del Prado y deleitarme con sus tesoros artísticos. Nada mejor que aprovechar esta visita para colarme en la exposición que estos días tiene lugar en esta pinacoteca: Pasión por Renoir. Excelente plan para una mañana dominical, a pesar de la cantidad de personas que se agolpaban en la sala donde se exhibían los cuadros del pintor impresionista. Algunos parecían interesados, otros se hacían los interesantes al escuchar a algún guía que describía los secretos de las obras de Renoir, pero todos orgullosos de estar allí y dedicar al menos una mañana a la cultura, yo incluída.
Los Reyes no son los padres
Cuando hay algo que no me gusta hacer, en lugar de postponerlo, suelo hacerlo cuanto antes, como el que se traga un jarabe, sin respirar, es tiempo que me ahorro en sufrimientos. Esto me ocurre con algunas cosas que se repiten año tras año, por ejemplo comprar juguetes a los sobrinos. Algo tan lleno de "ilusión" para el que los recibe se convierte en una tortura china para el que le toca elegirlos. Lo de la carta a los Reyes Magos, a mi no me funciona porque en el reparto previo que hacen los padres a los familiares para la compra de los regalos a sus hijos a mi siempre me toca el juguete estrella de la Navidad o lo que es lo mismo, ese que es imposible encontrar en ninguna tienda de toda la ciudad. Así que no me queda otra que vagar por los pasillos de los centros comerciales intentando ponerme en el lugar de un niño/a de 4 a 8 años, algo harto difícil dado que los de ahora son muy diferentes a cuando yo tenía esa edad (y también la oferta juguetera). Por lo tanto, como digo, me dedico a buscar y rebuscar algo que pudiera sorprenderles, cuando la sorpresa me la llevo yo el día de Reyes o, en su caso, el de Papá Noel y al niño le hace más ilusión abrir el regalo (el papel y la forma de éste) que el contenido. La razón: los niños tienen de todo, ya que los padres se encargan de que no les falte de nada, así que cuando llega el día en cuestión me siento frustrada ante la desgana con la que reciben los presentes traídos por sus Majestades de Oriente, bien porque ya lo tienen, o bien porque no es lo que estaban esperando. Y ahí es cuando una se rinde ante la evidencia de que los Reyes no son lo padres sino unos tíos ilusos que se han devanado los sesos para encontrar el regalo perfecto a unos niños que se divierten con las cajas de los juguetes mientras sus padres suspiran por lo que habrían dado ellos porque en su día se los hubiesen traído a ellos.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Medallas
A estas alturas de la partitura (que diría mi tocaya) no puedo andarme por las ramas y voy a sacar unas cuantas medallas y me las voy a colgar para celebrar mis logros pero sobre todo para que no se me olvide lo que he conseguido, recrearme en esos éxitos y decirme eso de "porque yo lo valgo"...
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