Mi laberinto es especial, porque lo construí no para perderme sino para encontrarme e ir descubriendo poco a poco los recodos de mi alma, las esquinas de mi mente, los secretos de mi corazón. Al recorrer sus senderos quedan resueltas todas las dudas que durante tanto tiempo me persiguieron sin tregua y retuvieron mi voluntad.
Mi laberinto es especial, porque siempre me he encargado de señalizarlo lo suficiente para no quedar atrapada en sus vericuetos, y, aunque a veces el recorrido haya sido sinuoso, al final casi siempre he hallado una salida airosa del mismo.
Mi laberinto es especial, porque estás tú, el hilo que guía mis pasos y contigo de la mano, no habrá obstáculo que se me resista ni tropiezo al que mi fortaleza no haga frente.
Así de especial es mi laberinto, así de sinceras las palabras que lo describen.

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