miércoles, 4 de agosto de 2010

Con la sonrisa puesta


Ayer leí en una revista médica que los rostros sonrientes se recuerdan más que los serios o neutros. Así que si eres de los que te ríes hasta de tu sombra serás más recordado por los que te rodean. Cuando era pequeña siempre fui una niña con la sonrisa puesta, incluso algún profesor me riñó por reirme tanto de las tonterías que algún compañero decía por lo "bajini". Sin embargo, con el paso de los años pensaba que si me reía todo el rato nadie me tomaría en serio, por lo que decidí adoptar un rictus más neutro para así mostrar una imagen más madura de mi misma.  Poco a poco notaba cómo se borraba la sonrisa de mi cara y cómo empezaba a sustituirla por un ceño fruncido. Pero como ya he dicho en otras ocasiones, la cara es el espejo del alma, así que lo que era sólo un gesto externo, se convirtió en un rasgo de mi carácter y el buen humor que me había acompañado durante tantos años fue agriándose.

Ahora, no obstante, he llegado a la conclusión de que esta actitud circunspecta no me ha llevado muy lejos, más bien lo contrario, por lo que he decidido retomar mi viejo semblante cargado de simpatía. Y no puedo decir que haya sido fácil así que cada día me veo frente al espejo ensayando la sonrisa, ah y no olvido ponérmela cada vez que salgo de casa, así me aseguro de que nadie se olvide de mi tampoco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario