martes, 24 de agosto de 2010
Un libro abierto
Confieso que no me había pasado nunca, al contrario, siempre me he emocionado ante la perspectiva de empezar un libro nuevo. Sentía que me sumergía en una aventura que no sabía hacia dónde me llevaría, sin embargo, no sé bien por qué, he sentido miedo de abrir el último que he leído. Era un libro sencillo, con muchas imágenes y poco texto pero que había permanecido en mi mesilla bastantes días sin atreverme a tocarlo. Temía que lo que pudiera leer dejara mi corazón más tocado de lo que ya estaba, el contexto en el que me hallaba no era el adecuado, los sentimientos estaban a flor de piel. Por ello lo dejé aparcado, esperando que llegara el momento en el que poder enfrentarme a su lectura y, por fin, me armé de valor y lo abrí, descubriendo que mis temores eran infundados y lo que creí que iba ser un acto de coraje se convirtió en una rendición a las palabras repletas de esperanza que encontré entre sus páginas. Mi entusiasmo fue tal que no pude cerrarlo hasta llegar al final. Incluso llegué a asustarme porque, por un instante, pensé estar leyéndome a mí, las ideas plasmadas en él eran un fiel retrato de los pensamientos que últimamente rondan por mi cabeza. A pesar del abismo que nos separaba me sentí identificada con todo lo que allí ponía. Hasta darme cuenta de que este libro no lo había leído con la cabeza, sino con el corazón, lo que me permitió confirmar el punto vital en el que me encuentro y conciliar el deseo con la realidad.
miércoles, 18 de agosto de 2010
Lo que me saca de quicio II
Como sigo tan puñetera como hace algunos días voy a continuar con mi repertorio de aquello que no soporto, hace chirriar mis oídos cuando lo escucho o que aborrezco sin más. Por ejemplo, me entran ganas de estrangular a alguna ama de casa que, se las da de listilla utilizando la palabra "emplatar" (que no está admitida en la RAE), cuando toda la vida hemos dicho servir la comida. Otro detalle que me ofende (a mí y creo que al resto de las mujeres) es la publicidad de compresas, tampones, salvaslips, y de todos los productos mal llamados "femeninos". Se trata de unos anuncios en los que aparecen chicas cantando, bailando como si estuviesen encantadas de tener la regla o de tener pérdidas de orina. Los creativos de estos anuncios sin duda son hombres y, por supuesto, no tienen ni idea de cómo nos sentimos cuando tenemos que utilizar esos productos que tan brillantemente publicitan. Por cierto, ¿dónde está la Sra. Aído?
Los bolsos de imitación, o más bien las mujeres que se engañan a sí mismas comprándolos. Pero es que ¿alguien se cree que cualquier trabajadora con el sueldo medio de nuestro país puede llevar cada día un bolso diferente que cuesta unos 1.500 euros?
Espero que se me pase pronto esta racha de inconformismo y reivindicación porque no quiero martirizar a mis sufridos lectores con las rabietas típicas de mujer con síndrome premenstrual.
martes, 17 de agosto de 2010
Carta a una desconocida
Querida desconocida:
No te conozco ni tú a mi, pero eso no me impide escribirte. Sé que existes y tú también sabes que yo existo aunque seamos incapaces de ponernos cara o nombre. Compartimos un mundo al que hemos llegado por caminos diferentes pero que nos han conducido al mismo pozo sin fondo. Nos empeñamos en adentrarnos en él hasta darnos cuenta de que ya no podíamos bajar más, fue entonces cuando nos agarramos al clavo ardiendo, a la tabla que nos salvase de la caída libre. Esclavas de nuestro cuerpo, al que castigábamos día a día frente a un espejo cóncavo que nos impedía ver la realidad, construimos nuestro muro que nos aislase de los demás y así fuimos cayendo en el abismo de la soledad. Ahora, no obstante, nos damos cuenta del camino que debemos recorrer para volver al punto de partida, sin volver la vista atrás, sin rencor ni arrepentimiento, porque sólo tú y yo sabemos de dónde venimos y hacia dónde no queremos volver. Solamente nosotras podemos describir la oscuridad en la que nos encontrábamos porque estuvimos allí.
Ésta es sólo una carta en la que te animo y me animo a continuar por dónde nos han dicho que está la salida, pero es también una carta de agradecimiento a todos los que cada día vigilan nuestros pasos, nos ayudan a levantarnos cuando tropezamos y celebran nuestras victorias como si fueran propias.
Espero que pronto podamos conocernos y contarnos todo lo que hemos callado durante tanto tiempo.
Un fuerte abrazo,
xxx
No te conozco ni tú a mi, pero eso no me impide escribirte. Sé que existes y tú también sabes que yo existo aunque seamos incapaces de ponernos cara o nombre. Compartimos un mundo al que hemos llegado por caminos diferentes pero que nos han conducido al mismo pozo sin fondo. Nos empeñamos en adentrarnos en él hasta darnos cuenta de que ya no podíamos bajar más, fue entonces cuando nos agarramos al clavo ardiendo, a la tabla que nos salvase de la caída libre. Esclavas de nuestro cuerpo, al que castigábamos día a día frente a un espejo cóncavo que nos impedía ver la realidad, construimos nuestro muro que nos aislase de los demás y así fuimos cayendo en el abismo de la soledad. Ahora, no obstante, nos damos cuenta del camino que debemos recorrer para volver al punto de partida, sin volver la vista atrás, sin rencor ni arrepentimiento, porque sólo tú y yo sabemos de dónde venimos y hacia dónde no queremos volver. Solamente nosotras podemos describir la oscuridad en la que nos encontrábamos porque estuvimos allí.
Ésta es sólo una carta en la que te animo y me animo a continuar por dónde nos han dicho que está la salida, pero es también una carta de agradecimiento a todos los que cada día vigilan nuestros pasos, nos ayudan a levantarnos cuando tropezamos y celebran nuestras victorias como si fueran propias.
Espero que pronto podamos conocernos y contarnos todo lo que hemos callado durante tanto tiempo.
Un fuerte abrazo,
xxx
viernes, 6 de agosto de 2010
Lo que me saca de quicio
Últimamente me ha dado por hacer listas, hace poco la hice de las pequeñas cosas que hacían mi vida más feliz, pero debe ser que hoy me levanté con el pie izquierdo, porque he decidido hacer recuento de las cosas que no soporto. Se trata también de pequeños detalles que no sé por qué, llegan a sacarme de quicio.
- Rellenar de agua las cubiteras.
- Escuchar cualquier canción de El último de la fila (o, en su defecto, de Manolo García).
- Las macetas con plantas de interior.
- El Ministerio de Igualdad y su ministra.
- La publicidad en la radio.
- Las cacas de perro por las aceras.
- Los ecologistas intransigentes.
- Belén Esteban.
- La nata de la leche en el café.
- Las colchas de los hoteles.
- Que me llamen señora.
- Darme cuenta de lo larga que es esta lista y que además me ha salido del tirón.
(Continuará...)
miércoles, 4 de agosto de 2010
Con la sonrisa puesta
Ahora, no obstante, he llegado a la conclusión de que esta actitud circunspecta no me ha llevado muy lejos, más bien lo contrario, por lo que he decidido retomar mi viejo semblante cargado de simpatía. Y no puedo decir que haya sido fácil así que cada día me veo frente al espejo ensayando la sonrisa, ah y no olvido ponérmela cada vez que salgo de casa, así me aseguro de que nadie se olvide de mi tampoco.
martes, 3 de agosto de 2010
Mi laberinto
Mi laberinto es especial, porque lo construí no para perderme sino para encontrarme e ir descubriendo poco a poco los recodos de mi alma, las esquinas de mi mente, los secretos de mi corazón. Al recorrer sus senderos quedan resueltas todas las dudas que durante tanto tiempo me persiguieron sin tregua y retuvieron mi voluntad.
Mi laberinto es especial, porque siempre me he encargado de señalizarlo lo suficiente para no quedar atrapada en sus vericuetos, y, aunque a veces el recorrido haya sido sinuoso, al final casi siempre he hallado una salida airosa del mismo.
Mi laberinto es especial, porque estás tú, el hilo que guía mis pasos y contigo de la mano, no habrá obstáculo que se me resista ni tropiezo al que mi fortaleza no haga frente.
Así de especial es mi laberinto, así de sinceras las palabras que lo describen.
lunes, 2 de agosto de 2010
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


