Hay cosas que por pequeñas, sencillas o insignificantes que sean nos hacen la vida más agradable. No se trata de nada especial, ni de una sorpresa, ni de un regalo, sino tan sólo del momento en el que se han producido y el buen sabor que han dejado en mi boca. Ello me ha hecho preguntarme si existe un dios (con minúscula) en las pequeñas cosas que nos induce a saborearlas con más intensidad y a disfrutarlas sin apenas darnos cuenta. No obstante, yo he querido hacer un recuento de las que últimamente me han ocurrido y han quedado retenidas en mi mente por algún tiempo.
Un paseo de cinco minutos en bicicleta.
Un café algo más dulce de lo normal.
La brisa fresca al llegar el día.
Un "te quiero" a media noche.
Una canción que suena en la radio.

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