miércoles, 28 de abril de 2010

Silencio bendito

Dios, qué pereza, tengo que ir al médico, no es que me dé miedo como a los niños, que salen disparados en cuanto ven a un señor serio y con bata blanca, además al que yo voy es muy amable, hasta me da un beso, (¿será la nueva versión del juramento Hipocrático?). Pero no, lo que me aterra realmente es la sala de espera, donde siempre encuentras a gente mayor (es ésta su principal afición, la otra son los viajes del Imserso a Benidorm), pero tampoco es esto lo que me molesta sino el maldito hilo musical. Sí, ese gran invento que se creó con la idea de llenar esos "silencios incómodos" en lugares públicos como las consultas, las oficinas e incluso en los aviones (cuando vas a despegar o al aterrizar). Además en el caso de esta consulta  el volumen de la música es atronador, vamos del que no te deja ni concentrarte en las fotos de la revista que estás hojeando.

No exagero, de verdad, nadie sabe lo que es escuchar una versión étnica de la banda sonora de Titanic o la de Chiquitita de Abba. Yo, en mi desesperación busco y rebusco por la habitación para encontrar la fuente de mi tortura, pero no veo ni aparatos ni altavoces por ningún lado y me digo, me estaré volviendo loca y la música que escucho estará sólo en mi cabeza. Me consuela pensar que si esto es así, al menos estoy en el mejor sitio para que se trate mi caso rápidamente.

Al fin el médico sale, yo entro en su despacho y ¡oh! milagro, allí no suena la música, me complace saber que este profesional cumple con todas las normas de seguridad en el trabajo al no estar expuesto a las melodías que inundan su sala de espera y así no poner en peligro su capacidad para diagnosticar y recetar a cada paciente. Para más inri me entero de que hoy es el Día Mundial Contra el Ruido, navego por la red pero por más que busco no encuentro ni una sola mención sobre los daños que puede llegar a causar la exposición prolongada al hilo musical en un lugar público, y yo que estoy hoy muy respondona, reivindico mi derecho a no tener que soportar sonidos ambientales que acallen ese bendito silencio.


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