Según la definición de la RAE: cualidad de espontáneo. Expresión natural y fácil del pensamiento. En la actualidad creo que este término se encuentra sobrevalorado y un ejemplo de ello lo tenemos en televisión, y es que cada vez existen más programas que llenan sus platós de "espontáneos", o sea de invitados o colaboradores que se pasean delante de las cámaras saliendo y entrando del estudio, comiendo o recibiendo llamadas desde sus teléfonos móviles. Tanto es así que en lugar de estar en un plató actúan como si estuviesen en el salón de su casa. Los presentadores se entremezclan con el público siguiendo los dictados de su director a través de un "pinganillo" (no sé cuál será la palabra técnica). Los guiones escritos no existen, todo el mundo habla a la vez sin respetarse los turnos de palabra y saltan de un tema a otro sin orden ni concierto. Ah, bendita espontaneidad, ocurre lo mismo que con la confianza, que cuando la hay, pues da asco.
Una cosa es actuar de la manera más casual posible, lo que da un toque de frescura a los programas sin utilizar frases encorsetadas ideadas por imaginativos guionistas y otra bien distinta es ese culto a la improvisación tan propia de nuestro carácter español. Porque para mí ser espontáneo en televisión es tener la habilidad de dar paso a la siguiente noticia si existe algún problema técnico sobre la que se está hablando, o cuando falla la conexíón vía satélite de un corresponsal en un telediario. Es en esos casos donde se agradece la espontaneidad del presentador y su salida airosa del mal trago. Pero si de lo que se trata es de rendir homenaje a la vulgaridad, llenando los espacios con personajes "de la calle" que presumen de campechanía y que para ello utilizan un lenguaje de lo más soez, creo que flaco favor se hace a esa preciada naturalidad.
Convendría conocer la diferencia entre la espontaneidad y la chabacanería de quien no sabe comportarse en cada momento como debiera. Porque no es lo mismo estar en el sofá de casa que en un lugar público en el que se debe guardar, al menos por educación, la compostura y actuar de acuerdo al guión que la vida nos impone en cada situación.
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