Como diría Elvira Lindo para referirse a su marido, pues nada, que a mi "santo" le ha dado por ver el
reality Gran Hermano Vip y lo mejor es que se sabe todas las tramas, todas las peleas, las puñaladas que se dan los unos a los otros... En fin, que todas las noches a la hora de la cena tengo que aguantar a esa panda de presuntos famosos gritando, riendo pero sobre todo llorando. Sí porque aquí todos lloran, por los que se van, por los que se quedan, pero sobre todo lloran los que quieren irse porque no aguantan más y, no me extraña... Quién sería el valiente de soportar los berridos de unas locas que a punto están de llegar a las manos por unas "cocretas" que alguien se había comido, sí señores "co-cre-tas", esto dice mucho del nivel cultural de los concursantes. Porque a ver, la dinámica del programa es la de provocar al rival hasta hacerle salir de sus casillas y estallar como bombas de relojería, ya que según ellos allí todo se magnifica. Pues eso, que no puedo con esta panda de parásitos de las ondas hertzianas encantados de haberse conocido y asombrados por la expectación que generan haciendo alarde de su subdesarrollo intelectual. Ahora, tengo que reconocer el respeto que tiene la dirección del programa al horario infantil, ya que disimulan con pitidos los tacos que escupen todos y cada uno de estos lumbreras, pero qué lástima que no hubieran hecho lo mismo cuando se oyó lo de las "cocretas".
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