lunes, 16 de marzo de 2015
Extremos
Aunque creo que ya lo he dicho en alguna que otra ocasión, me gusta mi ciudad, sus calles y plazas, sus paseos y sus parques pero sobre todo su gente. Madrid es un lugar que acoge con calidez a todo el que viene de fuera y es precisamente ese carácter abierto lo que la hace, para mí, tan especial. Sin embargo, esto mismo tiene su contrapartida y es que aquí, con eso de ser la capital de un país llamado España, también es la sede de todas las reivindicaciones, todas las quejas, en definitiva, de todo aquel que quiere hacerse oír. No es extraño ver marchar a los ganaderos con sus ovejas por la Castellana, o a los agricultores repartiendo patatas a los viandantes por la Plaza Mayor. Con la crisis, además, Madrid se ha visto invadida por las llamadas "mareas" o movimientos en contra de los recortes del gobierno en materia de servicios sociales y éstas han sido de todos los colores, verdes, blancas...En estas últimas semanas ha habido varias concentraciones eminentemente políticas y de signo muy diferente, la una se celebró a finales del mes de enero, la otra, hace tan sólo unos días y, pese a que ambas se desarrollaron en un ambiente festivo y sin apenas incidentes, ninguna de las dos me gustó y con ninguna me identifiqué por el tono radical que desprendían. Y si tengo que elegir entre una postura o la contraria me quedo con la que está en el medio que es donde, según el sabio, residía la virtud, porque de todos es conocido que los extremos se tocan...
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