domingo, 23 de octubre de 2011

Tomadura de pelo

Me molesta que me tomen el pelo, y no es que sea una de esas personas tan susceptible que no aguante la más inofensiva de las bromas, sé encajarlas y sé reirme como la que más, pero lo que no tolero es que me las den con queso, como vulgarmente se dice, es decir, que se rían de mi, me tomen por idiota o se crean que no me he dado cuenta de que me la han querido jugar. No creo tampoco que sea rencorosa pero me cuesta olvidar los actos hechos con mala intención, no me gustan las dobleces ni tampoco las malas artes. No soporto la mezquindaz que algunos sacan a paseo de vez en cuando, justo cuando estoy con la guardia bajada, para que no tenga tiempo de reaccionar. Me parece hasta rastrero aprovechar el momento en que mis defensas están relajadas para que me asesten el palo, sin saber si quiera por donde ha venido. Y lo que más me duele es que estas situaciones hacen que me vuelva desconfiada y recelosa y me lleven a creer que el acto más inocente lo considere una tomadura de pelo.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Insatisfechos


Desear lo que no se tiene es algo connatural al hombre. Siempre ansiamos lo que por justicia creemos merecernos y no está a nuestro alcance. Desde las cosas más triviales como tener el pelo rizado, si por el contrario lo tenemos liso o ser más alto, si somos bajitos, a aspectos más transcentales de nuestra vida como estar casado si eres soltero o tener hermanos si no los tienes. El caso es no estar nunca satisfecho con lo que se tiene, siempre se desea lo del otro cuando ese otro desea lo que tú tienes. Cuando el objeto de la insatisfacción es algo banal siempre se puede remediar, es decir, siempre podemos rizarnos el pelo si lo tenemos lacio o ponernos tacones para parecer más altos, sin embargo, en ocasiones nos topamos con realidades insatisfechas mucho más difíciles de paliar por mucho que nos empeñemos. Para algunos estas insatisfacciones suponen un pesado lastre con el que cargar y normalmente lleva consigo un sentimiento de frustración. Supongo que  la manera de hacer frente a nuestras carencias es convirtiéndolas en nuestras aliadas, riéndonos de ellas, quitándoles todo el hierro para impedir así que nos amarguen la existencia y no nos dejen disfrutar de todo lo que sí tenemos.

jueves, 6 de octubre de 2011

Esfuerzo y resultado

Cuando estaba en el colegio oí decir muchas veces a mis profesores que ellos calificaban el esfuerzo y no el resultado, y yo les creí,  por eso yo solía dejarme los codos frente a los libros y casi siempre me funcionó. Desde entonces fui una fiel seguidora de esta filosofía, sin embargo, cuando llegó la hora de poner los pies en el mundo real, caí en la cuenta de que todo ese voluntarismo jamás era valorado en su justa medida, ya que lo único que importaba eran los resultados. Únicamente tenía validez el beneficio reportado y nunca el empeño que ponía en conseguirlo. Siempre había muy poco margen para demostrar mis aptitudes y actitudes en el desempeño de las tareas asignadas y, ante el mínimo error, me encontraba descalificada de la competición. Supongo que la razón será que vivimos en un mundo con una competitividad voraz en el que cada día te la juegas, sin posibilidad de equivocarte, porque en ese caso debes tener muy claro dónde está la puerta. Por eso, ya hace tiempo que dejé atrás aquello que aprendí en su día sobre el esfuerzo y el resultado y ahora tengo muy claro que lo importante no es acreditar lo que te has esforzado en conseguir tus objetivos sino simplemente cuáles han sido éstos y cuánto tiempo te llevó lograrlos.