miércoles, 29 de junio de 2011

Tacones

No podía dormir. El calor acumulado por el día penetraba por las paredes de su casa y le impedía respirar, por lo que tuvo que levantarse en busca de una ventana que le suministrase aliento para conciliar el sueño. Eligió la del salón y, allí, acurrucada en el sofá pudo al fin obtener el descanso del guerrero que ha librado una dura batalla. A la mañana siguiente abrió los ojos y con gran esfuerzo consiguió deshacer el ovillo en que se había convertido su cuerpo. Desorientada y dolorida intentó como pudo entrar de puntillas en el mundo de los despiertos. Sólo consiguió espabilarse con su primera dosis de cafeína, el único remedio casero que le permitía despejar su cabeza para poder planear la jornada que le esperaba. El panorama no era muy alentador, después de sus andanzas nocturnas, sin embargo, cuando se encontró delante de su armario para escoger la ropa que disimulase su mal humor, se decidió por un conjunto que hacía tiempo no llevaba, se miró al espejo y tuvo que reconocer que no le sentaba nada mal. Después llegó la elección del calzado, nada de bailarinas o de sandalias bajas, la ocasión merecía algo mejor, como por ejemplo unos zapatos de tacón. Y así fue como se obró el milagro, en cuanto se los puso su ánimo se elevó diez centrímetros. Salió de casa pisando fuerte subida a sus tacones y desde allí pudo observar que su mundo no estaba tan mal.

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