Al principio fue algo espontáneo surgido del frustrante clima social que nos rodea, hasta que empezaron a sobresalir algunas cabezas o más bien cabecillas que se erigieron en líderes por aclamación popular. Fueron éstos los que decidieron democráticamente utilizar un sistema asambleario para establecer consignas grandilocuentes que les permitiera conseguir la notoriedad necesaria para mantenerse en el ojo del huracán. Cuando las urnas hablaron y, sobre todo, demostraron que son éstas la única forma de democracia real, este movimiento no se dejó intimidar por los resultados y continuó con las proclamas de un idealismo utópico más propio del pasado aunque valiéndose de la tecnología del presente para difundir su mensaje. Todas las decisiones eran tomadas por consenso, votos a favor (manos arriba), votos en contra (manos cruzadas), todo era objeto de debate, pero claro, tantos días discutiendo sobre propuestas inverosímiles puede llegar a hartar al más íntegro de los manifestantes, así que esta protesta multitudinaria ha dado paso a una acampada urbana más propia de una macrofiesta con aires de festival de rock. El movimiento que en su día se organizó para cambiar el mundo se encuentra estancado, sus seguidores se han acomodado en su indignación y ahora lo único que les queda es buscar la manera más honrosa de levantar su campamento.
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Totalmente de acuerdo
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