viernes, 6 de mayo de 2011
Susto o muerte
Ahora que vemos el verano en un horizonte no tan lejano aumenta el número de personas que caen en la cuenta de los estragos que ha hecho en su cuerpo el largo invierno y con esa percepción mental es frecuente ver los gimnasios atestados de gente dispuesta a dejarse la piel en todos y cada uno de los aparatos de tortura que encuentran a su paso. Los ves correr sin destino conocido en una cinta o pedalear sin descanso en un bicicleta que no avanza ni un palmo y yo ante este panorama me pregunto quién habrá sido el inventor de tales instrumentos de castigo. Pues seguro que alguien que no testó debidamente la estupidez de su idea ni tampoco comprobó el agotador aburrimiento que produce a quienes lo prueban. De ahí la alta tasa de abandono una vez se constata el cansancio que proporciona este inútil esfuerzo físico. Son pocos los que una vez consiguen recuperarse de las insoportables agujetas en lugares insospechados del cuerpo se deciden a repetir esta desagradable experiencia, prefieren soportar el susto de verse frente al espejo en bañador a la muerte segura y por extenuación a manos de una de esas máquinas diabólicas del gimnasio.
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