miércoles, 25 de mayo de 2011

Con los pies en el suelo


Soy una soñadora nata, de las que sueña no sólo de noche al dormirse, sino de día y con los ojos abiertos. Me gusta soñar lo que no soy e inventarme una vida paralela a la mía para evadirme en momentos en los que la real se hace insoportable. Esta huida supone una válvula para dejar escapar los agobios de una jornada para el olvido. Sin embargo, soy consciente de la gruesa línea que separa el sueño de la realidad y por ese motivo no suelo perder el contacto con el mundo que me rodea. No dejo que los sueños nublen mi razón y me hagan desconectar tanto como para no ver lo que ocurre a mi alrededor. Probablemente el motivo de esto es que soy una persona práctica que a pesar de dejar volar la imaginación de vez en cuando no olvida nunca el mundo real en el que vive, dentro de un sistema que no es perfecto, pero del que tampoco me siento responsable porque ya estaba ahí cuando llegué. En fin, soy alguien con los pies en el suelo que sólo necesita tener humildes sueños para poder soportar la cruda realidad.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Jekyll o Hyde


Suele suceder cada cierto tiempo, no sé si será por efecto de la luna, los astros o las estrellas pero el caso es que cuando ocurre me siento como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Paso de ser la persona más encantadora a una especie de monstruo que estalla ante la menor contrariedad y todo ello en un escaso lapso de tiempo. De la risa al llanto en un abrir y cerrar de ojos. De la euforia al más profundo pesimismo sin apenas ser consciente de ello. Además y para más inri, cuánto más me esfuerzo en reprimir emociones tan antagónicas, más vano es su resultado. Yo, que persigo infatigable el término medio, que soy fiel seguidora de la expresión  "en el medio está la virtud", pues nada, que en esos momentos no puedo evitar decantarme por los extremos. Afortunadamente esto es pasajero, así que de ahora en adelante intentaré prever de antemano estos repentinos cambios de humor y avisar a todos aquellos que estén a mi alrededor de que bajo la apariencia de una adorable Jekyll se esconde una temible Hyde.

jueves, 12 de mayo de 2011

Temblando

Tiemblo cuando escucho una voz más alta que otra.
Tiemblo cuando suena el teléfono de forma inesperada.
Tiemblo cuando tengo un sueño y no consigo descifrar su significado.
Tiemblo cuando ocurre algo que no tiene explicación.
Por eso me sorprende la serenidad de la que hago acopio cuando la tierra tiembla bajo mis pies y yo ni siquiera me he tambaleado...

viernes, 6 de mayo de 2011

Susto o muerte


Ahora que vemos el verano en un horizonte no tan lejano aumenta el número de personas que caen en la cuenta de los estragos que ha hecho en su cuerpo el largo invierno y con esa percepción mental es frecuente ver los gimnasios atestados de gente dispuesta a dejarse la piel en todos y cada uno de los aparatos de tortura que encuentran a su paso. Los ves correr sin destino conocido en una cinta o pedalear sin descanso en un bicicleta que no avanza ni un palmo y yo ante este panorama me pregunto quién habrá sido el inventor de tales instrumentos de castigo. Pues seguro que alguien que no testó debidamente la estupidez de su idea ni tampoco comprobó el agotador aburrimiento que produce a quienes lo prueban. De ahí la alta tasa de abandono una vez se constata el cansancio que proporciona este inútil esfuerzo físico. Son pocos los que una vez consiguen recuperarse de las insoportables agujetas en lugares insospechados del cuerpo se deciden a repetir esta desagradable experiencia, prefieren soportar el susto de verse frente al espejo en bañador a la muerte segura y por extenuación a manos de una de esas máquinas diabólicas del gimnasio.

domingo, 1 de mayo de 2011

Quien bien te quiere...


...te hará llorar. Porque se trata de un amor incondicional, ciego, sordo y mudo. Un amor sin medida, tan grande que llega a doler. Un amor que a veces, sin quererlo, te aprisiona tanto que te impide respirar. Un amor inevitable, que no se rinde ante las decepciones, que sigue luchando inquebrantable hasta no poder más. Un amor que justifica lo injustificable con tal de seguir amando. Un amor concebido para no tener fecha de caducidad, que permanece imperturbable con el paso del tiempo. Un amor que se alimenta de alegrías ajenas y por el que daría la vida con tal de no verte sufrir.

Este es, en fin, el amor de una madre, mi madre.

Felicidades mamá.