domingo, 21 de noviembre de 2010
Esquivar halagos
Anoche escuché a un entrenador de fútbol recién destituido decir que había aprendido a esquivar los halagos cuando las cosas le iban bien a su equipo porque así se preparaba para cuando los resultados no fueran tan buenos. Oir esta frase me hizo pensar en que durante mucho tiempo me he dedicado a esquivar los halagos de la gente, aunque en mi caso, los motivos eran muy diferentes. Cuando alguien decía algo bueno sobre mí, siempre tendía a hacerle caso omiso, no por falsa modestia sino por no creerme digna merecedora de tal elogio. Me negaba a aceptar que hubiese algo en mí o en mis actos capaz de provocar una respuesta satisfactoria por parte del otro. Sin embargo, supongo que por estar en el sitio adecuado, en el momento adecuado, me he dado cuenta de que los puntos negros de mi conducta no eran tan negros incluso algunos eran grises tirando a blancos. Que no todo lo mío era malo por el simple hecho de venir de mi, que ya era hora de que empezase a valorarme de una forma más objetiva. Porque ¿quién sino una misma para quererse? ¿quién sino una misma para halagarse? Y es que si yo no soy lo suficientemente tolerante para juzgarme no va a ser otro el que venga a regalarme los oídos. Por todo ello, y no sin mucho esfuerzo y entrenamiento por mi parte, he aprendido a respetarme mucho más, a ser menos severa en los juicios sobre mí, en definitiva, a estar más encantada de haberme conocido...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario