Mi casa es ese lugar donde siempre quiero volver cada día, donde me refugio en los días de frío o de lluvia en los que no apetece salir. Sin embargo, este remanso de paz puede verse alterado por culpa del grosor de las paredes que lo cubren y que dejan traspasar todos los ruidos de los vecinos que te rodean. Los hay de todos los tipos, como los que produce aquel vecino manitas que no tiene mejor hora para ponerse a colgar un cuadro que a las 10 de la noche, o aquel cuyo piso lleva reformándose una eternidad y en el que sus obreros aprovechan la hora de la siesta para tirar muros, martillear o utilizar máquinas de sonidos atronadores. Pero en todo esto los que se llevan la palma son aquellos producidos por los vecinos con hijos pequeños, sobre todo si se trata de niños silenciosos por el día que se activan al llegar la noche (como los gremlins) y que a eso de las once y media se rebelan y comienzan una batalla campal a la hora de acostarse. Golpes contra las paredes, llantos y carreras se repiten cada noche perturbando la tranquilidad de mi hogar y mi descanso. Intento ser comprensiva con los niños porque son niños y compasiva con los padres por ser los padres de semejantes criaturas, pero no puedo evitar sentir unas ganas locas de atravesar la pared y estrangularlos a todos, a los niños porque son niños y a los padres por haberlos tenido.lunes, 21 de enero de 2013
Vecinos
Mi casa es ese lugar donde siempre quiero volver cada día, donde me refugio en los días de frío o de lluvia en los que no apetece salir. Sin embargo, este remanso de paz puede verse alterado por culpa del grosor de las paredes que lo cubren y que dejan traspasar todos los ruidos de los vecinos que te rodean. Los hay de todos los tipos, como los que produce aquel vecino manitas que no tiene mejor hora para ponerse a colgar un cuadro que a las 10 de la noche, o aquel cuyo piso lleva reformándose una eternidad y en el que sus obreros aprovechan la hora de la siesta para tirar muros, martillear o utilizar máquinas de sonidos atronadores. Pero en todo esto los que se llevan la palma son aquellos producidos por los vecinos con hijos pequeños, sobre todo si se trata de niños silenciosos por el día que se activan al llegar la noche (como los gremlins) y que a eso de las once y media se rebelan y comienzan una batalla campal a la hora de acostarse. Golpes contra las paredes, llantos y carreras se repiten cada noche perturbando la tranquilidad de mi hogar y mi descanso. Intento ser comprensiva con los niños porque son niños y compasiva con los padres por ser los padres de semejantes criaturas, pero no puedo evitar sentir unas ganas locas de atravesar la pared y estrangularlos a todos, a los niños porque son niños y a los padres por haberlos tenido.
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