domingo, 27 de enero de 2013

Con fecha de caducidad

Las cada vez más obsoletas fechas de caducidad

Que estamos en crisis no es noticia, por mucho que se empeñen los medios de comunicación en repetírnoslo cada día. La estamos padeciendo todos en mayor o menor medida, así que no es necesario que nos lo estén recordando cada vez que traten cualquier asunto de la actualidad. Pero lo más curioso de todo es que desde estos medios nos intenten inculcar una serie de hábitos como el del ahorro y el del evitar el despilfarro, que ya hemos puesto en práctica la mayoría de nosotros. El último tema a debate es la fecha de caducidad de los alimentos en general y si se debe o no alargar la vida de estos productos debido a la gran cantidad de comida que tiramos a la basura. Y, como no, la polémica está servida. Por un lado, los fabricantes, para los que la seguridad alimentaria no se puede relajar, por otro, las autoridades que consideran que los nuevos sistemas productivos permiten alargar los plazos de consumo seguro de muchos productos. Y en medio de todo nos quedamos los consumidores que no sabemos si tirar un yogur caducado por un día o dejarlo hasta que eche raíces en nuestra nevera. Lo único que se me ocurre es apelar al sentido común, es decir, no deshacernos de aquellos alimentos que caducaron ayer si no presentan síntomas de estar en mal estado y, por el contrario, desprendernos de aquellos productos con moho o simplemente que huelen mal por mucho que en la etiqueta indiquen que aún les queda un mes de vida.

lunes, 21 de enero de 2013

Vecinos

 


Mi casa es ese lugar donde siempre quiero volver cada día, donde me refugio en los días de frío o de lluvia en los que no apetece salir. Sin embargo, este remanso de paz puede verse alterado por culpa del grosor de las paredes que lo cubren y que dejan traspasar todos los ruidos de los vecinos que te rodean. Los hay de todos los tipos, como los que produce aquel vecino manitas que no tiene mejor hora para ponerse a colgar un cuadro que a las 10 de la noche, o aquel cuyo piso lleva reformándose una eternidad y en el que sus obreros aprovechan la hora de la siesta para tirar muros, martillear o utilizar máquinas de sonidos atronadores. Pero en todo esto los que se llevan la palma son aquellos producidos por los vecinos con hijos pequeños, sobre todo si se trata de niños silenciosos por el día que se activan al llegar la noche (como los gremlins) y que a eso de las once y media se rebelan y comienzan una batalla campal a la hora de acostarse. Golpes contra las paredes, llantos y carreras se repiten cada noche perturbando la tranquilidad de mi hogar y mi descanso. Intento ser comprensiva con los niños porque son niños y compasiva con los padres por ser los padres de semejantes criaturas, pero no puedo evitar sentir unas ganas locas de atravesar la pared y estrangularlos a todos, a los niños porque son niños y a los padres por haberlos tenido.

lunes, 14 de enero de 2013

Refranero español


Con frecuencia, suele ocurrir que después de pasar algunas semanas cargadas de estrés, en las que las horas del día se quedan cortas, las obligaciones se imponen a todo lo demás y la lista de "cosas pendientes" tienen total justificación, surgen momentos de más calma, de poder disfrutar más de la vida y de hacer más caso a los pequeños detalles. Pero cuando llega ese tiempo de relax, dejando de lado las prisas, es cuando damos la vuelta a la tortilla y nos volvemos perezosos al contemplar esa larga lista de cosas por hacer. Nos relajamos en demasía y hacemos pereza para llevar a cabo todo aquello que hemos dejado aparcado cuando el tiempo escaseaba. Echando mano de nuestro refranero, "dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy, olvidamos que "a quien madruga, Dios le ayuda" y "nos dormimos en los laureles" a conciencia. Por ello, lo mejor que podemos hacer para evitarlo es ponernos "manos a la obra" y a "coger ese toro por los cuernos".

lunes, 7 de enero de 2013

Fin de fiesta



La fiesta terminó. Toca ir quitando el belén, el árbol y los espumillones, guardarlos hasta el próximo año. La vuelta a la normalidad después de estas semanas cargadas de días festivos será un poco dura. Es tiempo de regresar a la rutina y de retomar las tareas aparcadas durante este periodo navideño cargado de tradiciones, de encuentros familiares y de buenos deseos. Mañana no quedará nada de esto, muchos se sentirán aliviados de que por fin todo haya acabado, otros nostálgicos por los buenos momentos pasados y, todos, en definitiva mirando en el calendario los días marcados en rojo durante los próximos doce meses.

martes, 1 de enero de 2013

El día después

 

Me gustan los días de Año Nuevo. Será porque ahora no suelo levantarme a la hora de la comida con resaca y mal cuerpo, será porque suelo aprovecharlo más, dar un paseo por las calles desiertas o salir a correr por un parque casi vacío. Y es que atrás quedaron los vestidos de fiesta, los cotillones y las barras libres en lugares atestados de gente bailando y bebiendo toda la noche. Ahora después de las uvas, los brindis y los buenos deseos para todos me voy a la cama como otro día más. La magia de la noche se traslada a la mañana del día después. Disfrutar del año recién inaugurado y empezarlo con buen pie, tranquilamente cogiendo impulso para afrontarlo de la mejor manera posible, sin grandes expectativas, ni propósitos inalcanzables, sino de una manera realista. Y aunque no se cansen de desearnos que este año sea mejor que el pasado yo me conformo con que, al menos, sea igual.

Feliz Año 2013