
Hay días en los que te levantas viendo el vaso medio vacío, te inundan las preguntas que no tienen respuesta, los pensamientos viciados por un círculo sin fin, la negatividad ha invadido tu razón y no la deja ser libre de actuar como quisiera. Son días en los que prefieres darle la espalda a todo y que la pereza se haga fuerte en tu cama y te impida ponerte en pie. Son esos días en los que ni siquiera tienes la valentía de pensar lo que tienes por delante porque crees que va a ser lo mismo que lo de ayer. Pero es en eso días cuando más necesitas que tu voluntad tire de ti y te recuerde que ahí fuera te espera algo mejor, que no puedes rendirte ante el mínimo contratiempo y que seguro que habrá algo que consiga arrancarte una sonrisa. Hoy, sin duda, aprenderás alguna cosa nueva, alguien te hará un comentario que consiga alegrar tu espíritu y levantar tu ánimo. Y es en esos días, en los que renacen tus esperanzas como hizo el Ave Fénix al resurgir de sus cenizas, cuando mejor puedes apreciar el sabor de los pequeños detalles que endulzan la vida. Porque sobreponerse a los malos días es el premio que recibes cuando por fin logras ver el vaso medio lleno.
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