miércoles, 4 de enero de 2012
Los niños son los reyes
Oro, incienso y mirra (siempre me he preguntado qué será eso de la mirra) pues bien, eso es lo que le ofrecieron los Reyes Magos al niño Jesús y éste ni se quejó, ni sus padres miraron mal a sus majestades de Oriente, al contrario, por lo que muestran las pruebas gráficas del momento, María y José parecen muy agradecidos. Pero de eso ya han pasado más de dos mil años y los niños de ahora no se contentan con humildes presentes ni con regalos simbólicos, sino que tienen que ser de última generación, violentos y por supuesto caros. Y lo mejor de todo es que lo único que les hace ilusión es abrir los regalos envueltos en papel de lo más llamativo (si no, no vale) porque una vez descubierto lo que hay dentro se lo pasan directamente a su padre para que le explique el funcionamiento, le ponga las pilas o simplemente lo saque de la caja en la que viene perfectamente empaquetado. Una vez hecho esto, que lleva su tiempo, el niño se ha olvidado del juguete mientras se entretiene con el envoltorio que lo contenía. Sí, es curioso lo que les divierte a los niños algo tan simple como una caja, lo que nos lleva a reflexionar sobre si no serán los padres los que desean más los juguetes por diferentes motivos, como el prestigio que les proporcionan a ellos mismos los regalos que sus hijos reciben en Reyes. Otra de las razones de que los padres empleen un montón de dinero y de tiempo en estas fechas es que sus hijos no se queden sin el juguete que han pedido de manera exigente, por temor al trauma que esto pueda causarles. También hay padres que se sienten culpables por no pasar el tiempo suficiente con sus hijos y tratan de paliar esta carencia con regalos espectaculares. En definitiva, sean cuales sean las razones, una tradición tan española como son los Reyes Magos se ha convertido en un negocio para algunos, una desilusión para muchos y una competición para otros, por eso me remonto a otros tiempos no tan lejanos en los que una recibía muchos menos regalos y sobre todo no tan sofisticados y no lograba cansarme de jugar con ellos hasta que se desgastaban de tanto usarlos.
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Tu reflexión me parece de lo más acertada. Sigue así.
ResponderEliminarTridente