lunes, 30 de enero de 2012
jueves, 12 de enero de 2012
El número uno
Que levante la mano aquel que no haya soñado ser el primero en algo, en una competición, un concurso, etc. Uno se siente orgulloso de ser el número uno, de alcanzar el primer puesto en lo que sea, y eso es lo que me ha pasado precisamente a mi esta mañana cuando he ido a resolver unos trámites en la Administración y al sacar el número de mi turno de espera he sido la afortunada de coger el uno. Y yo que pensaba que ese número era una especie de OVNI, del que todo el mundo habla pero que nadie ha visto. Porque no sé a vosotros pero a mi siempre que me ha tocado hacer alguna gestión burocrática y por muy pronto que llegase, era de las que tenía el 351 y todavía iban por el 47, ha habido veces que me ha dado tiempo hasta de leerme un libro entero, con eso lo digo todo. Pero se ve que hoy era mi día y para mayor satisfacción me he topado con un funcionario amable (otro expediente X) que ha tramitado mi petición en un santiamén y además me ha informado del resto de servicios que allí se ofrecían. Bueno, yo estaba que no cabía en mí, en cinco minutos había realizado mi gestión y un trabajador de la administración me había tratado como a un ser humano, a pesar de que eran poco más de la nueve de la mañana y aún no había salido a desayunar. Moraleja: yo me he quitado la espinita de ser la primera en algo y además he mantenido intacta mi fe en la humanidad.
miércoles, 4 de enero de 2012
Los niños son los reyes
Oro, incienso y mirra (siempre me he preguntado qué será eso de la mirra) pues bien, eso es lo que le ofrecieron los Reyes Magos al niño Jesús y éste ni se quejó, ni sus padres miraron mal a sus majestades de Oriente, al contrario, por lo que muestran las pruebas gráficas del momento, María y José parecen muy agradecidos. Pero de eso ya han pasado más de dos mil años y los niños de ahora no se contentan con humildes presentes ni con regalos simbólicos, sino que tienen que ser de última generación, violentos y por supuesto caros. Y lo mejor de todo es que lo único que les hace ilusión es abrir los regalos envueltos en papel de lo más llamativo (si no, no vale) porque una vez descubierto lo que hay dentro se lo pasan directamente a su padre para que le explique el funcionamiento, le ponga las pilas o simplemente lo saque de la caja en la que viene perfectamente empaquetado. Una vez hecho esto, que lleva su tiempo, el niño se ha olvidado del juguete mientras se entretiene con el envoltorio que lo contenía. Sí, es curioso lo que les divierte a los niños algo tan simple como una caja, lo que nos lleva a reflexionar sobre si no serán los padres los que desean más los juguetes por diferentes motivos, como el prestigio que les proporcionan a ellos mismos los regalos que sus hijos reciben en Reyes. Otra de las razones de que los padres empleen un montón de dinero y de tiempo en estas fechas es que sus hijos no se queden sin el juguete que han pedido de manera exigente, por temor al trauma que esto pueda causarles. También hay padres que se sienten culpables por no pasar el tiempo suficiente con sus hijos y tratan de paliar esta carencia con regalos espectaculares. En definitiva, sean cuales sean las razones, una tradición tan española como son los Reyes Magos se ha convertido en un negocio para algunos, una desilusión para muchos y una competición para otros, por eso me remonto a otros tiempos no tan lejanos en los que una recibía muchos menos regalos y sobre todo no tan sofisticados y no lograba cansarme de jugar con ellos hasta que se desgastaban de tanto usarlos.
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