miércoles, 29 de junio de 2011
Tacones
No podía dormir. El calor acumulado por el día penetraba por las paredes de su casa y le impedía respirar, por lo que tuvo que levantarse en busca de una ventana que le suministrase aliento para conciliar el sueño. Eligió la del salón y, allí, acurrucada en el sofá pudo al fin obtener el descanso del guerrero que ha librado una dura batalla. A la mañana siguiente abrió los ojos y con gran esfuerzo consiguió deshacer el ovillo en que se había convertido su cuerpo. Desorientada y dolorida intentó como pudo entrar de puntillas en el mundo de los despiertos. Sólo consiguió espabilarse con su primera dosis de cafeína, el único remedio casero que le permitía despejar su cabeza para poder planear la jornada que le esperaba. El panorama no era muy alentador, después de sus andanzas nocturnas, sin embargo, cuando se encontró delante de su armario para escoger la ropa que disimulase su mal humor, se decidió por un conjunto que hacía tiempo no llevaba, se miró al espejo y tuvo que reconocer que no le sentaba nada mal. Después llegó la elección del calzado, nada de bailarinas o de sandalias bajas, la ocasión merecía algo mejor, como por ejemplo unos zapatos de tacón. Y así fue como se obró el milagro, en cuanto se los puso su ánimo se elevó diez centrímetros. Salió de casa pisando fuerte subida a sus tacones y desde allí pudo observar que su mundo no estaba tan mal.
martes, 21 de junio de 2011
Nunca es suficiente
Hace algún tiempo me vi obligada a asistir a unas charlas sobre medioambiente que estaban incluidas en un curso de marketing, que todavía me estoy preguntando que tenía que ver una cosa con la otra. Pues bien, en dicha conferencia se trataron temas tan dispares como la longitud de la estratosfera o cuál de todas las fuentes de energía era la menos contaminante, por cierto, descubrí que hasta las llamadas energías renovables también contaminan. En este marco incomparable de cívica concienciación y de palabrería políticamente correcta (la conferenciante se dirigía a su auditorio con un nosotros y nosotras) inevitablemente surgió el tema del reciclaje. Envueltos por este ambiente de corrección política casi todos los asistentes se declararon a favor de separar la basura, y así surgió un jugoso debate sobre en qué contenedor debían ir los diferentes tipos de residuos. Todos sabemos que existe uno para los envases de plástico, otro para los residuos orgánicos, otro para el vidrio, otro para el papel...pero cómo hacemos para llevar a cabo esta selección en casa. Porque en mi caso se me hace muy difícil dar cabida a tantos cubos para los diferentes tipos de basura disponiendo de una cocina de 2x2 metros, tendría que deshacerme de la lavadora y el frigorífico y aun así, veríamos. Con todo esto no digo que esté en contra de estas políticas de protección del medioambiente sino que me resulta materialmente imposible cumplirlas a rajatabla. Porque hay que ver lo contenta que me pongo cuando reúno una importante cantidad de pilas y las deposito en su debido contenedor, o cuando junto unas cuantas botellas y las voy echando una a una a ese iglú de plástico que el ayuntamiento amablemente ha colocado cerca de mi casa. Pero después de escuchar la citada charla me di cuenta de que esto no es suficiente y de que por muy buenas que sean mis intenciones siempre habrá algún ecologista recalcitrante que vendrá a recordarme que todos mis pequeños esfuerzos para salvar el planeta no bastan.
martes, 7 de junio de 2011
Fantasmas en el armario
Por casualidad el otro día vi una película en la que un famoso matemático ve truncada su carrera cuando su mente es atacada por la esquizofrenia. Después de muchos años de lucha, el protagonista consigue rehacer su vida. Lo que, sin duda, más me atrajo fue su mensaje final, cuando el afamado profesor logra mirar con ternura los fantasmas presentes tan sólo en su cabeza y que le habían atormentado a lo largo de los años. Y es que, salvando las distancias de la enfermedad mental, todos tenemos fantasmas guardados en nuestros armarios que sacamos a pasear en momentos de debilidad o bien salen ellos sin previo aviso para recordarnos que están ahí. Porque hay fantasmas que han estado tan presentes en nuestras vidas que es difícil hacerlos desaparecer, nos han dejado tal huella que no es fácil deshacernos de ellos. Lo importante es aprender a convivir con ellos, dejarles incluso que caminen a nuestro lado, pero eso sí, sin que nos molesten demasiado. Seguir con nuestras vidas a pesar de que estos espectros se nos acerquen de vez en cuando para recordarnos que un día fueron nuestros compañeros de viaje, aunque sin hacerles mucho caso, impidiéndoles ganar terreno, hasta que un día lleguemos a habituarnos a estar con ellos e incluso dedicarles una tierna sonrisa.
lunes, 6 de junio de 2011
Cómodos indignados
Al principio fue algo espontáneo surgido del frustrante clima social que nos rodea, hasta que empezaron a sobresalir algunas cabezas o más bien cabecillas que se erigieron en líderes por aclamación popular. Fueron éstos los que decidieron democráticamente utilizar un sistema asambleario para establecer consignas grandilocuentes que les permitiera conseguir la notoriedad necesaria para mantenerse en el ojo del huracán. Cuando las urnas hablaron y, sobre todo, demostraron que son éstas la única forma de democracia real, este movimiento no se dejó intimidar por los resultados y continuó con las proclamas de un idealismo utópico más propio del pasado aunque valiéndose de la tecnología del presente para difundir su mensaje. Todas las decisiones eran tomadas por consenso, votos a favor (manos arriba), votos en contra (manos cruzadas), todo era objeto de debate, pero claro, tantos días discutiendo sobre propuestas inverosímiles puede llegar a hartar al más íntegro de los manifestantes, así que esta protesta multitudinaria ha dado paso a una acampada urbana más propia de una macrofiesta con aires de festival de rock. El movimiento que en su día se organizó para cambiar el mundo se encuentra estancado, sus seguidores se han acomodado en su indignación y ahora lo único que les queda es buscar la manera más honrosa de levantar su campamento.
jueves, 2 de junio de 2011
Romería de libros
Sí, los libros se han marchado de romería y nada menos que al Retiro. Año tras año los dueños de las librerías los desempolvan de sus estanterías y los sacan a pasear a la Feria del Libro de Madrid donde son expuestos ante la mirada de los curiosos que merodean en busca de un tesoro editorial. Las casetas se sucenden una tras otra albergando miles de volúmenes, catálogos, guías, que en estos días lucen sus mejores galas para atraer la atención de todos aquellos que se acerquen a contemplarlos. Pero a mi lo que más me interesa no es sólo admirar la ingente cantidad de libros apilados al aire libre sino observar a esos biblófilos apasionados que se acercan a la feria a la caza de rarezas impresas, o a aquéllos que hacen cola para que un autor les firme su ejemplar, o los que simplemente desean intercambiar unas palabras con su escritor preferido. Porque son los lectores, entre los que me incluyo, los verdaderos protagonistas de esta feria, ya que sin ellos los libros no serían más que unos objetos expuestos al sol de la ignorancia de unos pasivos espectadores.
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