martes, 21 de septiembre de 2010
Tiempo al tiempo
El otro día estaba delante de la tele mientras esperaba a que empezara mi serie favorita y coincidió que daban El Tiempo, esa sección que normalmente duraba un minuto al final del telediario pero que ahora, no sé muy bien por qué, se ha convertido en un espacio aparte, y me di cuenta de que la presentadora no se limitaba a decirnos si mañana llovería, haría sol o el cielo estaría nublado, sino que empezó a explicar con todo lujo de detalles el fenómeno meteorológico que se había producido en las últimas horas y, lo que es más, la evolución de dicho fenómeno. Pasaban los minutos y la mujer seguía delante del mapa gesticulando para dar más énfasis a una información que no cabía duda le apasionaba, pero que a mi, como creo que al resto de los mortales no nos interesaba en absoluto. Y aquí llega mi pregunta: ¿son necesarios tantos detalles para saber si mañana uno debe o no ponerse una chaqueta o no olvidarse el paraguas en casa? Mi respuesta es que no, entre otras cosas porque de todo lo que se decía no me enteré ni de la mitad. Entre tantos datos, imágenes de satélite y gráficos eché de menos aquel mapa de España (en el que las Islas Canarias aparecía al este en un recuadro) lleno de líneas isobaras que rodeaban a una A (de anticiclón) o una B (de borrasca). Sí, antes todo era mucho más sencillo para las mentes menos privilegiadas como la mía. Pero lo curioso del caso es que cuando asistimos a una trivialización de los informativos puestos al servicio de los intereses del grupo empresarial al que pertenecen, la información meteorológica se haya convertido en una clase magistral de física o lo que es lo mismo, se dedique tanto tiempo al tiempo.
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