Me duelen las piernas, los tobillos, los pies, el cuello y tengo agujetas por todo el cuerpo, parece como si ayer por la tarde hubiese ido al gimnasio, me hubiese tragado dos clases seguidas de aerobic, una sesión de spinning y qué sé yo... pero no, tan solo se trataba de una boda. Sí, porque ayer (un viernes) estuve de boda y todo lo mencionado antes se debe a los efectos colaterales de pasear con tacones de aguja por las empedradas calles de Toledo. Por un rato pensé estar en el infierno purgando los pecados de una vida anterior, porque semejante tortura no se la merece ni el peor de los penitentes. Y para que el martirio fuera total, las temperaturas de estos últimos días bajaron unos 12 grados, y yo con modelito típico de un 11 de junio, es decir, vestido de tirantes, sandalias, ah, y una pasmina que agarré a última hora pero de tela tan escasa que apenas me resguardaba de un viento que soplaba con rabia, de ahí el agarrotamiento del tronco y de las extremidades superiores y las consiguientes agujetas en brazos y hombros. Así, en el marco incomparable de la llamada Ciudad de las Tres Culturas sufrí mi Vía Crucis particular, no obstante prometo volver para poder disfrutarla de nuevo, pero para esa ocasión elegiré un modelo más adaptado a las peculiaridades del terreno y a las condiciones climatológicas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario