jueves, 9 de abril de 2015

Penitentes

La pasada semana y como todos los años por Semana Santa las procesiones recorren las calles de nuestros pueblos y ciudades llenándolas de nazarenos, costaleros y, en definitiva,de gente pía que durante estos días lo da todo por el Cristo o la Virgen objeto de su devoción. Yo, que soy creyente aunque no practicante, y quizá, contagiada por estos alardes de fervor religioso, decidí el pasado Sábado Santo llevar a cabo mi particular penitencia y me calcé unos tacones, por eso de ir más estupenda y por qué no, para vivir en mis propias carnes lo que viene siendo un auténtico Sábado de Pasión. Y la verdad es que logré mi objetivo, esto es, salir de casa y volver arrastrándome cual penitente con la cruz al hombro, de tal manera que no veía el momento de sentarme o de moverme lo menos posible para disfrutar de al menos un breve alivio. Y es que las mujeres en general somos muy coquetas y encima nuestra capacidad para soportar el sufrimiento no tiene límite, somos, por tanto, unas auténticas penitentes.

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