Poco a poco, apenas sin hacer ruido, el otoño ha llegado para quedarse. Uno de los primeros síntomas de que esto es cierto es la lluvia que, desde hace algunos días nos ha dejado agua para rato, otro que las casas van pidiendo ser calentadas por otra fuente de calor que no sea el sol y, por último, el cambio de hora que adelanta el amanecer pero también el atardecer de los días. No obstante, me gusta el otoño por ese aire decadente que lo impregna todo, por el paisaje de hojas caídas llenándolo todo de tonos ocres y rojizos. Es un tiempo de recogimiento que nos invita a quedarnos en casa y nos vuelve más melancólicos de lo habitual...
lunes, 28 de octubre de 2013
Melancólicos
Poco a poco, apenas sin hacer ruido, el otoño ha llegado para quedarse. Uno de los primeros síntomas de que esto es cierto es la lluvia que, desde hace algunos días nos ha dejado agua para rato, otro que las casas van pidiendo ser calentadas por otra fuente de calor que no sea el sol y, por último, el cambio de hora que adelanta el amanecer pero también el atardecer de los días. No obstante, me gusta el otoño por ese aire decadente que lo impregna todo, por el paisaje de hojas caídas llenándolo todo de tonos ocres y rojizos. Es un tiempo de recogimiento que nos invita a quedarnos en casa y nos vuelve más melancólicos de lo habitual...
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