jueves, 11 de abril de 2013
Ya tengo whatsapp...
Siiiiiiiiii, al final me he rendido a la evidencia y me he pasado al "lado oscuro". Ya estoy conectada con el mundo, después de escuchar a todos decir que no entendían cómo podía vivir sin este invento, de lo maravilloso que era estar disponible a todas horas (24/7) para mantener conversaciones banales en cualquier lugar y en cualquier momento. Así que por fin he dado mi brazo a torcer y he permitido que me instalen esta aplicación en mi móvil. Y nada más conectarme de lo primero que me he dado cuenta es de que la mayor parte de mis antiguos contactos tienen whatsapp, lo segundo es que la mayoría tienen hijos, por las fotos con las que se identifican, y la tercera es que no es para tanto. Mi vida no ha cambiado de la manera que todos me auguraban, porque tan sólo me he ahorrado un par de llamadas telefónicas que, de haberse producido, habrían sido más rápidas, directas y concretas. Además debido a mi falta de práctica, soy bastante lenta escribiendo mis mensajes mientras que los demás, más duchos en estas lides, me avasallan con sus interpelaciones sin darme apenas tiempo para responder. En resumen, que esta nueva forma de comunicarse tiene su utilidad pero también nos vuelve más impacientes...
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