domingo, 12 de febrero de 2012

Elogio dominical

Después de un sábado ajetreado con un cúmulo de actos sociales de obligado cumplimiento, lo que más me apetecía era disfrutar de un domingo casero. Levantarme cuando estuviera cansada de dormir, tomarme todo el tiempo del mundo para desayunar, realizar las tareas domésticas sin el apremio de las prisas y dedicarle un rato al ejercicio físico, en definitiva, hacer un montón de cosas pero sin ni siquiera echar un vistazo al reloj. Y lo mejor de todo el domingo, disfrutar de una tarde de sofá, siesta y película para culminarlo con una cena informal disfrutando de una noche de fútbol. Qué más se le puede pedir a un día al que antes veía con malos ojos por ser el preludio del lunes y un mero trámite entre la diversión del sábado y la rutina semanal.

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