viernes, 29 de julio de 2011

Despechados


Siempre he creido que los hombres son nobles por naturaleza, la sencillez e incluso la ingenuidad son los rasgos que mejor definen su carácter y también lo que más admiro de ellos. Sin embargo, mi opinión sobre las mujeres no es tan favorable, creo que, por lo general, somos más complicadas y  perdemos nuestra inocencia a edad más temprana que los hombres. Pero los tiempos cambian y a fuerza de criticar al sexo masculino por su insensibilidad y falta de ternura los hemos convertido en una mala versión del género femenino. Y es que ahora algunos hombres aparecen en los medios llorando como macarenas en concursos y realities o hablando con despecho de sus desengaños amorosos, normalmente por culpa de otros hombres. Sinceramente a mi, este intercambio de roles no me gusta nada, por eso desde aquí pido que nos devuelvan a las mujeres nuestro papel de "malas" y que ellos sigan siendo todo lo ingenuos e insensibles que quieran con tal de que no se conviertan contra toda natura en unos despechados.

viernes, 22 de julio de 2011

Quiero ser Suiza


Hay momentos en los que el cuerpo  te pide permanecer neutral ante situaciones que pasan por delante de ti, desearías gritar a los siete vientos tus opiniones, tus pensamientos, pero se te enciende la luz de la prudencia y decides tragarte tus palabras y no mostrar tu postura ante una determinada circunstancia. Es en esos momentos en los que quiero ser Suiza, sí, ese pequeño país alpino que históricamente siempre ha proclamado su neutralidad cuando se trataba de intervenir en los diferentes conflictos internacionales. Pues bien, yo quiero ser como ella, porque a veces es mejor no decantarse ni por una parte ni por otra ya que corres el riesgo de recibir palos por un lado y por otro, esto lo sé por experiencia. Así que lo mejor es poner cara de poker y adoptar un semblante neutro esperando que el temporal escampe y que las cabezas se enfríen, para de este modo razonar con argumentos cargados de sensatez y templanza.

miércoles, 13 de julio de 2011



Esta era la canción que solía cantarle a tu madre cuando era "chiquitita". Bienvenida al mundo, Adriana.

lunes, 4 de julio de 2011

Dueña del tiempo


Durante mucho tiempo fui esclava de mi tiempo, sometida a su implacable tiranía, a merced de sus caprichosas exigencias. Bajo el yugo de su despótica voluntad, me dejaba llevar por los minutos que se le escapaban a mi reloj, sin posibilidad de rebelión. Dejaba que fuera el tiempo el que guiara mi destino a través de agendas, post it recordatorios, pizarras en la nevera, avisos en el móvil. No era capaz de dar un paso sin echar un vistazo a estos elementos controladores de cada uno de mis movimientos. Todo debía estar perfectamente cuadrado en ese calendario vital que imponía su frenético ritmo sin dejar espacio al azar. Toda mi actividad cronometrada al segundo para no dejar ni un hueco suelto a la improvisación. Así, cualquier contratiempo era una tragedia, cualquier imprevisto, una conjura de los dioses, cualquier contingencia, una debacle sin posibilidad de enmienda. Pero un buen día y, por los avatares de la vida esta esclavitud se truncó y con ella todas sus cadenas, de buenas a primeras me convertí en dueña y señora de mi tiempo, liberada de mi condena, en mis manos estaba el manejo de las horas que desfilaban ante mí para mostrarme su belleza e indicarme su idóneo aprovechamiento. No obstante y, para escapar del movimiento pendular que podría sufrir una existencia gobernada por el caos, decidí seguir un orden en el que tengan cabida utilidad y disfrute del tiempo a partes iguales, pero eso sí, siempre que yo sea sea su adminstradora.