
Es algo nuevo para mi, es algo que hace mucho que no sentía y es una sensación que me ha gustado. No se trata de nada especial ni extraordinario, más bien todo lo contrario, es algo de lo más vulgar, carente de glamour y de grandes artificios: se trata de la normalidad. Llevar una vida normal, tener relaciones normales, hablar de asuntos normales, y lo que es más importante ser tratada como alguien normal. Y no es que nunca me haya creido un ser fuera de lo normal, ni nada parecido, simplemente pensaba que me encontraba al margen de esa normalidad, como si ésta no tuviera nada que ver conmigo. Sin embargo, últimamente he entrando por la puerta grande de la normalidad y me ha sorprendido lo bien que me ha sentado. He sentido esta normalidad en sus diferentes manifestaciones: risa, rabia, sorpresa, dolor, etc. Me ha gustado formar parte del mundo, compartir emociones, opiniones, gustos pero también discrepar con aquello con lo que no estoy de acuerdo. Me siento orgullosa de volver a ocupar ese hueco que durante mucho tiempo había dejado vacante, de recuperar ese lugar que un día abandoné y que ahora he decidido retomar al volver a sentirme alguien normal.