viernes, 25 de febrero de 2011

Por fin es viernes


Después de cinco días largos y cinco noches cortas en las que apenas tienes tiempo de disfrutar del descanso, por fin llega el viernes, y con él, el fin de semana...Nunca un final fue tan bello ni tan deseado aunque sea el de un periodo de tiempo que se sucede tan rápido o tan lento como quieras.

Feliz finde...

jueves, 17 de febrero de 2011

Poema



Cuando se me acaben las palabras
cuando no tenga más frases que escribir
cuando se me olviden los recuerdos
cuando no sepa qué decir
cuando se me escape algún lamento
cuando no me quede otra que decidir
cuando se me acaben los pretextos
cuando no quede nada por sentir
ahí estarás tú con tu aliento
obligándome a ser feliz...

martes, 15 de febrero de 2011

Alguien normal


Es algo nuevo para mi, es algo que hace mucho que no sentía y es una sensación que me ha gustado. No se trata de nada especial ni extraordinario, más bien todo lo contrario, es algo de lo más vulgar, carente de glamour y de grandes artificios: se trata de la normalidad. Llevar una vida normal, tener relaciones normales, hablar de asuntos normales, y lo que es más importante ser tratada como alguien normal. Y no es que nunca me haya creido un ser fuera de lo normal, ni nada parecido, simplemente pensaba que me encontraba al  margen de esa normalidad, como si ésta no tuviera nada que ver conmigo. Sin embargo, últimamente he entrando por la puerta grande de la normalidad y me ha sorprendido lo bien que me ha sentado. He sentido esta normalidad en sus diferentes manifestaciones: risa, rabia, sorpresa, dolor, etc. Me ha gustado formar parte del mundo, compartir emociones, opiniones, gustos pero también discrepar con aquello con lo que no estoy de acuerdo. Me siento orgullosa de volver a ocupar ese hueco que durante mucho tiempo había dejado vacante, de recuperar ese lugar que un día abandoné y que ahora he decidido retomar al volver a sentirme alguien normal.

sábado, 5 de febrero de 2011

Visita inesperada



Ha venido cuando menos lo esperaba. Anoche se metió en mi cama, se coló entre las sábanas y se empeñó en robarme el aliento. Sin apenas darme cuenta me sentí atrapada por sus garras dejando doloridos mis músculos y alterados mis sentidos. No fui capaz de reaccionar ante tal avalancha de síntomas desagradables, no supe hallar remedio que amortiguara el dolor, analgésico que anestesiara esas molestas sensaciones. Y así, muy quieta, arropada con mil mantas y franqueada por pañuelos y calmantes, deseé que se marchara como vino, cuando menos lo esperara.

jueves, 3 de febrero de 2011

Ese día, de ese otro año

Parece que fue ayer, pero ya ha pasado un año. Ese día, de ese otro año cambió por completo el rumbo que hasta entonces había tomado mi vida, porque ese día recibí un ultimatum: o abandonaba el camino hacia la autodestrucción, o perdería a la única razón que me mantenía viva. Difícil decisión, cuando la única realidad que compartes con los demás es el aire que respiras, cuando se te ha olvidado hasta lo que sientes. El único objetivo era seguir haciéndote daño y sólo parar para lamerte las heridas. Solamente reaccionas cuando el dolor lo provoca alguien de fuera y te somete a una dura disyuntiva: era vivir o dejarte morir. Fue entonces cuando decides coger esa mano tendida y no soltarla hasta que no estuvieras de nuevo en pie. Y una vez tomada la decisión te agarras a ella con fuerza y te das cuenta de que jamás te soltarías, que la vida es demasiado corta para malgastarla . Ahora, un año después y con la lección bien aprendida, piensas en que merece la pena seguir luchando por todo lo conseguido y por lo que aún queda por conseguir, pero sobre todo aprendes a quererte y a querer a todo lo que te rodea, en especial al que ese día, de ese otro año apostó por ti.