viernes, 28 de enero de 2011
Qué pereza
No sé si será este frío, o mi lista interminable de cosas por hacer, quizá sea que los días traen menos horas últimamente, o puede que vivir tan deprisa me haya cogido a contrapié. Como ves, no están claros los motivos, ni las causas por las que hoy mi voluntad se ha vuelto perezosa y me haya dicho: hasta aquí hemos llegado. No me atrevo a preguntarla, por temor a una respuesta que rompa mis esquemas y mande a paseo toda la firmeza e integridad que siempre la ha caracterizado. Ni a ponerla en entredicho, por miedo a que se vuelva rebelde y me dé plantón. Creo que a lo mejor está algo cansada y ha decidido darse un respiro para reponer fuerzas y así poder hacer frente a lo que le espera en el futuro. Bueno, voy a ser indulgente y por ser quién es, voy a permitirla unos días de asueto, pero con la condición de que no se duerma en los laureles ni se acostumbre a querer siempre salirse con la suya. Le doy de plazo hasta el lunes.
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