Hay algo más placentero que el primer café de la mañana...levantarse, prepararlo con esmero y saborearlo mientras piensas en el día que te espera. Después de este momento todo sigue un ritmo frenético, todo son prisas, correos, reuniones, citas, etc. Pero eso puede esperar mientras estoy delante de mi taza de café (I love NY) que me transporta a un mundo mejor, donde todo está en calma, donde no hay relojes que marquen el ritmo de mi existencia, donde todo puede esperar hasta llegar a la última gota de este santo brevaje. Entonces me despierto de este sueño matinal y me doy cuenta de que debo volver al mundo real, al de las rutinas repetidas y de las obligaciones dirigidas por los minutos, las horas...Después vendrán otros cafés que me ayudarán a soportar mi insoportable levedad, pero ya no serán como el primero, no sabrán al primero. Lo único que me consuela es que mañana será otro día y podré afrontarlo gracias a ese primer café. Podré esperar...martes, 25 de mayo de 2010
Un café
Hay algo más placentero que el primer café de la mañana...levantarse, prepararlo con esmero y saborearlo mientras piensas en el día que te espera. Después de este momento todo sigue un ritmo frenético, todo son prisas, correos, reuniones, citas, etc. Pero eso puede esperar mientras estoy delante de mi taza de café (I love NY) que me transporta a un mundo mejor, donde todo está en calma, donde no hay relojes que marquen el ritmo de mi existencia, donde todo puede esperar hasta llegar a la última gota de este santo brevaje. Entonces me despierto de este sueño matinal y me doy cuenta de que debo volver al mundo real, al de las rutinas repetidas y de las obligaciones dirigidas por los minutos, las horas...Después vendrán otros cafés que me ayudarán a soportar mi insoportable levedad, pero ya no serán como el primero, no sabrán al primero. Lo único que me consuela es que mañana será otro día y podré afrontarlo gracias a ese primer café. Podré esperar...
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