martes, 18 de noviembre de 2014

Promesas inviables


Existen dos formas de afrontar épocas convulsas como las que estamos viviendo en este momento aquí mismo, en nuestro país. Una es la de entrar al trapo, discutir todos y cada uno de los casos de corrupción, del independentismo catalán, del auge del supuesto populismo. La otra, la de apagar la tele, la radio y desconectarse del mundo y de la realidad. No sé bien cual es la más acertada, pero sí sé que si la primera es estresante, la segunda es cobarde. ¿Dónde está entonces la respuesta?, ¿quién acierta y quién se equivoca? Ojalá lo supiera. Y ante este desolador panorama me siento atrapada, incapaz de digerir esta avalancha de circunstancias a cuál peor y más averrante. Ya no me creo nada ni a nadie, no existe una referencia a la que aferrarme, todo esta podrido. Sin embargo, también considero que ésta es una buena época para la crítica, pero la crítica empieza por uno mismo, de nada sirve señalar con el dedo al culpable o culpables de esta situación sin proponer soluciones a las mismas y me refiero a soluciones realistas, no a las dichas con la boca pequeña de los que nos gobiernan ni tampoco  los cantos de sirena que proponen los otros, los que están fuera del sistema pero que darían su brazo por entrar. Por ello, confío más en la autocrítica del individuo que le lleve a reflexionar sobre lo que podría hacer para cambiar lo que hay, que en aquellos que se erigen líderes de las masas que, como yo, se muestran desencantados con todo lo que nos rodea y prometen un mundo mejor, pero inviable.

sábado, 1 de noviembre de 2014