viernes, 24 de enero de 2014

No tiene precio





Ropa, zapatos, botas, bolsa de aseo...billetes...mi e-book, creo que lo tengo todo. Sí, estoy lista para viajar. Ya me picaba el gusanillo, así que nada mejor que embarcarse rumbo a un destino desconocido, dispuesta a pasar frío, a mojarme, pero también a disfrutar del paisaje, los monumentos y la gente. Soy consciente de que esta noche me costará dormir, pensando si no me olvido de nada, qué tal será el lugar adonde me dirijo, pero ahí es donde reside el encanto de las horas previas a un viaje. Porque para mi el viaje comienza cuando realizo la reserva del mismo y me dura hasta mucho después de haber vuelto, por eso todo lo que me gasto en viajar lo considero no un gasto sino una inversión a largo plazo, porque para mí, los recuerdos que me traigo de cualquier viaje no tienen precio.

jueves, 23 de enero de 2014

Crisis



Señoras y señores: ¡¡¡la crisis ha acabado!!! Y por qué digo esto, pues porque los medios de comunicación parecen haberse olvidado de informarnos sobre la prima de riesgo o el déficit presupuestario y han vuelto a retomar temas anteriores a la crisis, o sea, el nacionalismo catalán (y su famosa consulta) o el aborto. Y es que, no me cabe duda, de que son los medios los que marcan la agenda que conviene en cada momento y ahora, por lo visto, toca dejar de lado los problemas económicos y dedicarle más tiempo a aquellos asuntos que nos vienen persiguiendo desde tiempos inmemorables. Nada nuevo bajo el sol, y eso que creíamos que esta crisis, la peor que hemos vivido según muchos y que muchos seguimos viviendo, iba a traer aire fresco, sin embargo, una vez pasado lo peor (o eso dicen), son muchos los que se empeñan en volver a sacar los fantasmas del pasado, viejas polémicas guardadas en el cajón cuando la cosa estaba achuchada, pero que no dudan en volver a sacar una vez haya vuelto la calma. Por eso, ojalá tuviera razón y la crisis económica se diera por finalizada, lamentablemente eso es algo que no depende de nosotros, serán los medios los que nos lo anuncien... cuando convenga.

domingo, 19 de enero de 2014

Misión cumplida



Satisfecha, complacida, ufana, colmada pero también, agotada, exhausta,  extenuada, así es como una se siente cuando  termina algo, llega hasta al fin y lo ve concluido. Merece la pena echar la vista atrás y ver que el resultado ha sido el esperado y que incluso ha superado las expectativas. Y esto es algo que llena de orgullo y, como no, de satisfacción. Pero es ahora, una vez que la misión está cumplida, cuando hay que lanzarse a la conquista de nuevos retos, de renovar los objetivos y de no cejar en el empeño de hacerlos realidad.

domingo, 5 de enero de 2014

Inocencia perdida

 
Confieso que nunca, o, al menos, desde que tuve uso de razón, me tragué lo de los Reyes Magos. Esto me catalogaría como "bicho raro", pero es que nunca me creí que tres personajes vestidos de forma extraña, cabalgando sobre unos camellos se dedicaran una noche al año a repartir regalos a todos los niños del mundo. Simplemente no lo veía, mi mente no concebía que pudieran estar en todos los sitios a la vez, por muy "magos" que fueran. Sin embargo, siempre he sido una persona muy práctica, así que me guardé bien de hacérselo saber a los demás, por temor a que mis dudas me acarrearan la ausencia de juguetes, y entretanto me hacía la tonta y dejaba que pensaran que todo esto de las cabalgatas, los zapatos en la ventana y el turrón para sus majestades me lo creía a pies juntillas. De ahí que la decepción que sufren todos los niños cuando descubren la "gran mentira" para mi no fue tal, y mi vida continuó como si tal cosa, ya que se confirmaron todas mis sospechas. A pesar de todo, también recuerdo lo que disfrutaba viendo a mi hermana pequeña cuando se levantaba el día de Reyes para descubrir lo que éstos le habían dejado por la noche, ver su carita de asombro y de ilusión al ver los juguetes que mi hermano y yo habíamos elegido para ella. Esta misma sensación la he tenido este año con mi sobrina de dos años cuando, con toda su inocencia ha abierto el regalo que le habían traído en casa de sus tíos y ha gritado: ¡Un muñeco! como si fuera el mejor juguete del mundo. Y es que supongo que siempre he echado de menos esa inocencia perdida a tan temprana edad.