domingo, 28 de octubre de 2012
Prioridades
Ayer me enteré de que una asociación en favor de la igualdad animal tiene previsto convocar una manifestación en contra de la industria del foie gras, nada menos que en la Puerta del Sol de Madrid. Puedo entender que, sociedades desarrolladas como la nuestra estén sensibilizadas con determinados colectivos como los animales, pero lo que no tengo tan claro es que en aras de la libertad de expresión y de reunión, la gente se ocupe de determinados asuntos que en momentos como los actuales pueden considerarse frívolos. No dudo de las buenas intenciones de estas organizaciones, sin embargo, creo que este exceso de concienciación con todos y cada uno de los problemas que nos rodean puede llevarnos a una esquizofrenia colectiva. Mientras hay muchas personas en nuestro país que hacen cola en comedores sociales y en otros lugares donde se les da alimentos, algunos se muestran más preocupados por el trato que reciben unas aves en unas granjas. No se trata de hacer demagogia barata sino de apelar al sentido común y de poner las cosas en su sitio. Siempre han existido prioridades y a mi juicio, en estos momentos la prioridad son las personas y no los animales.
lunes, 22 de octubre de 2012
Por compromiso
Un compromiso según la RAE es una obligación contraída o una palabra dada, pero también es una solución o una respuesta que se da por obligación o necesidad para complacer. Pues bien, estoy de acuerdo con las dos primeras acepciones de la palabra compromiso pero no con la última, la de realizar algo para intentar "quedar bien" con alguien. Para mí comprometerse con alguien o con algo supone hacerlo desde la libertad y no porque me venga impuesto. Esto ocurre mucho con determinados actos a los que uno se ve obligado a asistir sin tener ganas, ya sea por otras personas o por circunstancias. A medida que me hago mayor, menores son las ocasiones en las que me siento en la obligación de hacer algo "por compromiso", quizá sea porque cada vez tengo más claro que es lo que me apetece y lo que no. Detesto realizar las cosas por una obligación impuesta por alguien si no es por razones de jerarquía (como en el trabajo), morales o familiares. Me produce un rechazo total eso de "quedar bien" si no existe una buena causa que lo justifique y por ello me reafirmo en mi capacidad para elegir mis propios compromisos y no de hacer las cosas "por compromiso".
miércoles, 10 de octubre de 2012
Perder el tiempo
Estos días se está celebrando en Madrid el VII Congreso Nacional para Racionalizar los Horarios en España, que tiene por objeto concienciar a todos los estamentos de la sociedad española acerca de la necesidad de un mejor uso del tiempo y de la racionalización y flexibilización de los horarios laborales. Y yo me pregunto si es necesaria toda esta parafernalia para llegar a una misma conclusión: ¿y si a los españoles nos gusta perder el tiempo? Sí, suena raro y un poco paradójico pero es la pura verdad, porque cómo si no se explica que en nuestro país existan tantos bares donde la gente pierde su tiempo tomando café por la mañana, cañas a mediodía y copas por la noche. Perder el tiempo o malgastarlo está bien visto, o por lo menos no es tan malo como en otros países de nuestro entorno. Ninguno de nuestros vecinos europeos tiene institucionalizada la pausa de media mañana para desayunar ya sea en una cafetería o en el andamio. Además es raro ver en otros lugares una ciudad cerrada por vacaciones en agosto o dar por perdido el mes de diciembre entre puentes, que son acueductos, y fiestas de navidad. Y lo mejor de todo es que nos sentimos orgullosos de ello, creo que hasta queremos proponer que la siesta sea declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Presumimos de nuestra propia irresponsabilidad cuando afirmamos que "como en España, no se vive en ninguna otra parte" pero así nos va... Este es un país de tertulianos que se reunen en un café a charlar sobre política, fútbol o toros y que pierde su tiempo intentando arreglar el mundo con muchas palabras y con pocas ganas de pasar a la acción.
domingo, 7 de octubre de 2012
Mi Cincuenta Sombras
Me acerqué a este libro de puntillas, movida por la morbosa estela que le precedía y me adentré en sus páginas para descubrir la historia de un atractivo joven millonario con una mente pervertidamente enferma, marcado por una terrible infancia seguida de una no menos traumática adolescencia. De la mano de la protagonista femenina me sumergí en un mundo lleno de sombras donde hallé un cuarto de juegos perversos donde cobraban vida las esposas, las fustas y los látigos y donde resonaban palabras de seguridad cuando el amo traspasaba los límites infranqueables del contrato firmado por sus sumisas. Y así, esta trama tan sórdida como intrigante consiguió apoderarse de mis pequeños ratos libres llenándolos de emociones extremas y dejándome sin aliento. Atrapada en este torrente de pasiones, la lectura de este libro y sus dos secuelas ha supuesto para mi una obsesión durante semanas, la evolución de los personajes, sus detalladas descripciones, la intensidad con la que se suceden las escenas hacen que la obra te deje huella en la memoria y al terminar la trilogía sientas el vacío de aquello que ha ocupado tanto espacio en tu cabeza. Porque a partir de ahora ¿qué va a ser de mi vida sin mi Cincuenta Sombras?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


